Domingo 7º de Pascua. Ascensión del Señor (C)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 7º de Pascua. Ascensión del Señor (C)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.» Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.( Lucas 24, 46-53).

1. La fiesta de la Ascensión viene a completar lo que ya estaba contenido en la Resurrección. Diríamos que en la Ascensión se culmina la pascua de Jesús, "el paso" de Jesús al Padre. Hoy se resalta de una manera especial este aspecto entrañable de la Pascua: Jesús vuelve al Padre, vuelve con su Abbá, después de cumplir su misión de amor y entrega. El Padre lo acoge y lo sienta a su derecha y lo constituye Kyrios, Señor. Y para sus discípulos, para la comunidad, es punto de partida: empieza su tarea. Como dice el himno de Laudes: “Partid frente a la aurora. – Salvad a todo el que crea. - Vosotros marcáis mi hora. – Comienza vuestra tarea.” La tarea de proclamar el evangelio a todos, de anunciarles que Dios los ama. Mientras Jesús estuvo físicamente entre los hombres, lo hacía él directamente predicando, amando, acogiendo a los pobres y enfermos, curando, consolando, perdonando; ahora lo tiene que hacer mediante los cristianos... ¿Lo estamos haciendo nosotros? Señor, que nos queme en el corazón tu encargo, que no podamos callar la buena noticia que nos has entregado.

2. Pero la Ascensión no nos habla de lejanía de Jesús. Jesús no se aleja, se oculta a la vista de los discípulos, pero para comenzar a estar presente de otro modo, más íntimo, dentro de ellos. Incluso podríamos decir que con una presencia más potente aún. Porque antes lo estaba con una existencia humana, sujeta a los condicionamientos de espacio y tiempo; pero ahora lo está con una existencia resucitada, no sujeta a esas limitaciones, está en todas partes y nos acompaña siempre: “Yo estaré con vosotros todos los días.” Dice José Antº Pagola: “Este es el secreto que alimenta y sostiene al verdadero creyente: el poder contar con el resucitado como compañero único de existencia. Día a día, él está con nosotros disipando las angustias de nuestro corazón y recordándonos que Dios es alguien próximo y cercano a cada uno de nosotros...” A Jesús no lo vemos, pero él está con nosotros y actúa en, con y por nosotros. ¿No lo hemos experimentado muchas veces? Sí, Señor Jesús, no nos has dejado solos; tú nos acompañas para que podamos realizar la tarea que nos has encomendado: “Vosotros sois testigos de esto”: testigos de que te has entregado hasta morir en cruz por amor, testigos de que la muerte no ha podido retenerte en el sepulcro y has resucitado, testigos de que “ningún dolor es irrevocable, ningún fracaso es absoluto, ningún pecado imperdonable, ninguna frustración decisiva.”( Pagola ). Gracias, Señor, por amarnos tanto y habernos elegido para esta tarea.

3. La fiesta de la Ascensión llena también nuestro corazón de alegría y de esperanza. Hoy no celebramos el recuerdo de un acontecimiento pasado, sino la presencia siempre nueva, real aunque misteriosa, la “presencia ausente” -como la ha llamado alguno- de Jesús entre los suyos; celebramos la exaltación de Jesús, exaltación que es garantía de nuestro triunfo: yendo al Padre, Jesús nos proclama nuestro destino, que es estar con el Padre, vivir eternamente en el amor de nuestro Abbá. Si vivimos una vida entregada, como la vivió Jesús, allí llegaremos. Jesús nos ha abierto la puerta: “El cielo ha comenzado. – Vosotros sois mi cosecha. – El Padre ya os ha sentado – conmigo, a su derecha“. (Himno de Laudes). Y en la eucaristía hoy pedimos: “Concédenos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias…, porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestro victoria, y donde nos ha precedido él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo.”¿No es para llenarnos de gozo, de ánimo y de esperanza? Gracias, Señor, por tu victoria.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

16/05/2010


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