Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Hoy celebramos la fiesta san Matías. Matías siguió a Jesús desde los comienzos; pero no era de los doce que Jesús escogió para Apóstoles. Pero después de la Ascensión, fue elegido para sustituir a Judas. De su vida poco sabemos. Benedicto XVI, después de reflexionar sobre el traidor Judas, dice: “ Al concluir, queremos recordar también a quien, después de Pascua, fue elegido en lugar del traidor. En la Iglesia de Jerusalén se presentaron dos a la comunidad, y después sus hombres fueron echados a suerte: "José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y Matías" (Hechos l, 23). Precisamente este último fue el escogido, y de este modo "fue agregado al número de los doce apóstoles»" (Hechos 1, 26). No sabemos nada más de él, a excepción de que fue testigo de la vida pública de Jesús (Cf. Hechos 1, 21-22), siéndole fiel hasta el final. A la grandeza de su fidelidad se le añadió después la llamada divina a tomar el lugar de Judas, como compensando su traición. Sacamos de aquí una última lección: si bien en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrabalancear el mal que ellos realizan con nuestro testimonio limpio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador" . Señor, que yo –con mi testimonio limpio y fiel de Cristo- merezca ser contado entre los que dice Benedicto XVI que “contrabalancean” el mal hecho por los que te han sido infieles.
2. “…a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido.” Ni Matías ni los demás discípulos fueron los que escogieron a Jesús como su maestro y amigo, sino que fue Jesús quien los miró con amor y los eligió. Tampoco nosotros hemos elegido al Señor, sino que ha sido él el que nos ha elegido. Y nos ha elegido para que seamos sus amigos. Ser cristiano es eso: ser amigo de Jesús, sentirse su amigo. ¿Nos sentimos nosotros amigos de Jesús, queridos por él? ¿Le respondemos con una amistad tan fiel y entregada como la suya? Los Apóstoles -y todos los santos- sí respondieron con fidelidad a tu amistad, Señor, aunque ello les ocasionó persecución y hasta la muerte. Por intercesión de los que han sido de verdad amigos tuyos, te pido que me hagas gustar tu amistad, y que nada me aparte de ella.
3. Somos amigos de Jesús, cuando somos amigos de sus amigos. O sea, cuando amamos a los demás con el amor con el que él los ama y nos ama. El evangelio de esta fiesta de San Matías Jesús nos dice: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”. Y ¡cómo nos ha amado Jesús! Con un amor que le ha llevado no sólo a buscarnos cuando nos hemos ido de su lado y acogernos cuando hemos vuelto a él, sino dando la vida por nosotros, que es la prueba más grande que se puede dar por el amor de un amigo. Pues bien, Jesús hoy nos dice: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Jesús nos ha amado con todo el amor que recibió del Padre: un amor universal y gratuito, que ama tanto a los buenos como a los malos. Y con ese amor, que es el que recibimos de Jesús, tenemos que amarnos nosotros. ¿Lo hacdemos así? ¿Amamos a todos sin hacer distinciónes, perdonando, sobrellevando los defectos y limitaciones del otro, respetándolo, compartiendo con él lo que tenemos, etc.?
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.