30 de noviembre – San Andrés, Apóstol
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, pasando Jesús ante el lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: "Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres." Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron . (Mateo 4,18-22) En el evangelio vemos que Jesús lama a Pedro y a Andrés. Ellos están en lo suyo, pescando. Parece que estaban a gusto. Pero Jesús los invita y les ofrece otro oficio, ser pescadores de hombres: "Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres." Y ellos ni lo piensan: “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.” Después fue a Santiago y a Juan a quienes llama. Y lo mismo: “Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”. Ellos se fiaron de Jesús. No temieron dejarlo todo para irse con él. Señor, ¿habían entendido el significado de tu promesa: “os haré pescadores de hombres”? Probablemente no. Ni siquiera sabían a dónde los lleva-rías. Pero en tu mirada y en tu voz, Señor, vieron y percibieron tanto amor, que dejaron su trabajo y los arreos de pescar, y te siguieron confiadamente.
Al comienzo del Adviento viene bien mirar esta respuesta a la llamada de Jesús de estos cuatro hombres. Hace tiempo que Jesús pasó también junto a nosotros, escuchamos su llamada y nos pusimos a caminar con él. Confiamos en él. Hemos procurado caminar con ilusión y alegremente por los caminos de su evangelio. Pero, a veces, el nuestro es un caminar cansino, desganado, falto de entusiasmo. Hasta ha habido ocasiones en que nos hemos desorientado y nos hemos ido tras otras llamadas, tras otros intereses. Hoy, Señor, al comienzo del Adviento, -en esta fiesta de san Andrés- escucho que me animas y me vuelves a llamar: “Sígueme, re-orienta tu vida, aligera el paso. Suelta esa carga que te impide avanzar ligero, rompe esas ataduras que tanto temes romper. Mira que yo vengo para estar contigo, para liberarte de cansancios y desorientaciones, y para poner en pie tu ilusión primera. ¿Me dejas? ¿Quieres abrirme la puerta de tu vida de una vez por todas? Sí, Señor, ven. Necesito que vengas. Quiero dejarte entrar. Pero tú empuja fuerte la puerta, Señor, porque mira que yo soy débil y cobarde.
Y terminemos nuestra meditación pidiendo a San Andrés que interceda por nosotros, para que respondamos con la generosidad y decisión con que él respondió a la llamada del Maestro. Que nos dejemos seducir por el Señor, como él. Que, como él, seamos prontos en la respuesta. Que no lo pensemos tanto y no le demos largas, diciéndonos: “después, más adelante, cuando termine con esto…” Y, sobre todo, ¡que nos dejemos cambiar como él se dejó cambiar!
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
30/11/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|