Viernes 30ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes 30ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: - ¿Es lícito curar los sábados o no? Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: - Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado? Y se quedaron sin respuesta. (Lucas 14,1-6).

1. Jesús en su viaje a Jerusalén, donde va a morir, va entrando en pueblos y aldeas para proclamar la Buena Nueva de la salvación. Hoy vemos que acepta la invitación de un fariseo importante, de uno, pues, de los que se oponen a su persona y a su mensaje. Tal vez la invitación no estaba exenta de cierta torcida intención: constatar si Jesús observaba las prescripciones de la ley. Pero a Jesús eso no le importa. El ha venido para ofrecer la salvación a todos, y no desaprovecha ninguna ocasión. Por eso, lo mismo acepta la invitación de un publicano, como Zaqueo, que la de unos amigos, como Lázaro y sus hermanas, o un fariseo, como hoy. ¡Qué difícil nos resulta a nosotros aceptar a todos tal como son: amigos o enemigos, simpáticos o antipáticos, que nos quieran bien o nos quieran mal! Señor, dame un corazón grande como el tuyo, donde quepan todos. Que a todos abra las puertas de mi amistad, de mi servicio, de mi trato amable y respetuoso.

2. Era sábado, el día santo para los judíos. Día para conmemorar y agradecer las hazañas de Dios a favor de su pueblo: la creación, la liberación de Egipto, etc. Es de suponer que en aquella casa se respiraría alegría de fiesta, devoción y respeto a la ley del sábado. Pero ante Jesús aparece un enfermo. Y Jesús, que ha venido para hacer el bien, para inaugurar el reinado de la misericordia de Dios, ¿puede no hacer nada por aquel hombre que sufre? Los fariseos le espían, porque no está permitido curar en sábado. Jesús pregunta: “¿Es lícito curar los sábados o no?” Ellos callan. Y ante su silencio, Jesús toca al enfermo, lo cura y lo despide. Jesús sabía que esto daría pie a que los fariseos lo criticaran y pensaran que no puede hablar y obrar en nombre de Dios, puesto que no guarda el sábado. Pero a Jesús no le importa lo que piensen los fariseos, sino salvar al que sufre, porque si el amor de Dios no tiene límites, ¿cómo puede ponerle límites la ley? Y sale al paso de sus posibles críticas, preguntando sobre algo que ellos hacía: “Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?” Pues eso lo que ha hecho él. ¿Cuándo la necesidad del otro, Señor, será lo primero para mí? ¡Con qué facilidad encuentro excusas para evitar complicarme la vida y antepongo mi comodidad, mi plan, mi egoísmo, mi descanso, mis intereses o conveniencias, a la necesidad del hermano! Señor, cámbiame, que si tú no me cambias, seguiré con mi egoísmo y comodidad.

3. Para los cristianos el día santo es el domingo, el “día del Señor”. En él celebramos la resurrección de Cristo, su triunfo sobre la muerte. Es día para alabar, bendecir y dar gracias a Dios por la obra de salvación que está haciendo con nosotros. También para nosotros es día de descanso, como anticipando y pregustando el descanso eterno en la casa del Padre. El centro del domingo es la eucaristía, en la que los hermanos nos reunimos en torno a la mesa de la palabra y del pan y el vino. Pero esto no debe bastarnos. También debe ser el domingo el día por excelencia para hacer el bien y preocuparnos de los necesitados. Todos tenemos delante un “un enfermo de hidropesía”, es decir, un necesitado, un pobre, alguien que está solo, etc., que necesita de nosotros... ¿Nos damos cuenta de su presencia y necesidad? ¿Hacemos algo por él? Si lo hiciéramos, ¿no tendría nuestra eucaristía y nuestro descanso dominical mucho más sentido cristiano? Unir al amor y a la alabanza a Dios el amor y el servicio al hermano.., ¡qué día del Señor tan pleno!

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

30/10/2009


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