Miércoles de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 28ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo el Señor: "¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto la justicia y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! Un jurista intervino Y le dijo: “Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.” Jesús replicó: “Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas importante, mientras vosotros no las tocáis ni con el dedo.” ( Lucas 11:42-44).

1. El evangelio de hoy recoge tres fuertes reproches que hizo Jesús a los fariseos, denunciando la falta de sinceridad en su relación con Dios y con el prójimo. Primer reproche: que se preocupan mucho de cosas de poca importancia, y descuidan lo importante. Así, cumplen la ley hasta más allá de lo mandado. Por ejemplo: la ley mandaba ofrecer al Templo el "diezmo" de la cosecha. Y ellos pagaban hasta el “diezmo” de semillas tan pequeñas como la hierbabuena, la ruda y otras legumbres, que no era obligatorio. Jesús los critica, no por lo que hacen, sino porque olvidan cosas mucho más importantes, como la justicia con el prójimo y el amor de Dios. Les dice: “Esto habría que practicar, sin descuidar aquello.” ¿No caemos nosotros en lo mismo? Cumplimos muy bien ciertas normas, ritos y devociones; pero después descuidamos el amor, la caridad, la comprensión, el perdón, la entrega a los demás. Y es que –si bien lo miramos- aquello no nos complica demasiado la vida, pero esto otro sí.

2. Segundo reproche: su vanidad y afán de figurar. Con su estricto cumplimiento de la ley y su piedad no buscan la gloria de Dios, mediante el cumplimiento de su voluntad, sino hinchar su “ego”, y que los tengan por buenos y los veneren y alaben y les den los puestos de honor: “ os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle.” ¿No nos reconocemos en ellos?; ¿no hacemos, a veces, el bien más para ser bien vistos, que por amor a Dios? Señor, dame un corazón humilde, que busque tu gloria, y nada más que tu gloria... Y el tercer reproche: con el perfecto cumplimiento exterior lo que pretenden es ocultar la podredumbre de su corazón. Y así, como la gente sencilla no sabe cómo son en realidad, se fían de ellos y les siguen y se “contaminan de su misma podredumbre”: “ ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!” No basta cumplir externamente lo mandado, hace falta cambiar el corazón, limpiarlo de lo podrido que hay en él y llenarlo de amor. Nosotros ¿con nuestras oraciones, misas, y acciones piadosas, etc., no intentamos tapar la corrupción de nuestro corazón? Señor, que sea más sincero en mi vida y que expulse de mi corazón el “fariseo” que llevo dentro.

3. Un escriba, que escuchaba, protesta porque se siente ofendido por los reproches de Jesús contra los fariseos: “ Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros”. Y tenía razón, puesto que los doctores de la ley eran los maestros de los fariseos. Y condenando a los “discípulos”, es lógico que los “maestros” se sientan condenados también. Jesús entonces denuncia su pecado, que era “enseñar lo que hay que hacer, pero “no cumplir” lo enseñado:” Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas importantes, mientras vosotros no las tocáis ni con el dedo”... Nosotros ¿cómo andamos en esto? ¡Con qué seguridad y desparpajo decimos a otros lo que tienen que hacer! En la vida de familia, en el trabajo, en la comunidad, etc. Los demás deben ser, deben hacer, deben evitar..., deben, deben, deben; pero nosotros, ¿hacemos lo que enseñamos? A veces, como aquellos escribas, ni tocamos con el dedo la carga que echamos sobre los demás. Señor, ten misericordia de mí. Que indique, sí, el camino a quienes debo orientar; pero que yo camine delante. Y cuando el otro caiga, que sea comprensivo como tú, Señor, lo eres conmigo.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

14/10/2009


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