Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Hace unas semanas veíamos que Jesús elegía y enviaba a los Doce para anunciar el reino de Dios a Israel. Eran doce los elegidos y enviados, y representaban a las doce tribus de Israel. Ahora elige a setenta y dos, y representan a las setenta y dos naciones conocidas entonces. Y es que Jesús y su mensaje es para todos los hombres, no sólo para Israel. Por otra parte, este segundo envío pone de manifiesto que la misión de anunciar el Reino no es tarea exclusiva de la jerarquía (de los Doce), sino de todos los seguidores de Jesús. Porque los que siguen a Jesús no sólo han recibido el mensaje del Reino, sino que se les ha encargado que lo entreguen a los demás. Son pocos, y el anuncio ha de llegar a todos. Por eso tienen que rogar a Dios para que sean muchos los que respondan a la llamada y se entreguen a la misión de anunciar el Reino de Dios: "La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino!” Estas palabras fueron dichas a aquellos 72, pero aquéllos nos representaban a todos los cristianos de todos los tiempos. Hoy, Señor, debemos escucharlas nosotros, los sacerdotes y los laicos de a pie, puesto que a todos repites el mandato: “Poneos en camino”, anunciad a todos mi reino de amor y de paz; gritad a todos lo que habéis visto y oído: dad testimonio de lo que ocurre en quienes acogen mi mensaje.
2. Jesús los envía como pobres. Sin apoyos materiales. L os envía con el único equipaje que necesitó él, la palabra y el testimonio: “ No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino”. Y es que la tarea de extender el Reino de Dios es obra de la gracia. Sólo la gracia es capaz de abrir el corazón de los hombres al Reino. No es la sabiduría humana ni las cualidades personales de los discípulos. Por eso Jesús invita a orar al dueño de la mies, porque sólo Dios puede cambiar el corazón de los hombres. Dice Pronzato, “el evangelio no tiene necesidad de ayudas. Tiene necesidad de evangelio”. Por eso, Señor, cuando mi apostolado no da fruto ¿no será que le falta evangelio? ¿O será que pongo más empeño en las estrategias y métodos humanos, que en orar y buscar tu ayuda y tu luz? Señor, que no olvide que en el trabajo por expandir el Reino, si no es contigo, nada lograré. Lo del salmo: “Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles.”
3. La misión no es fácil, los enviados encontrarán oposición. Van a anunciar el Reino Dios: un reino de amor y solidaridad, de justicia, de misericordia y perdón, de entrega y servicio al otro, incluso al enemigo. Y la paz: “Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Es la paz del Reino que nace de aceptar a Dios como Padre y a los otros como a hermanos, y que se instaura, no con la victoria y el dominio sobre los demás, sino con la victoria sobre el egoísmo, el orgullo, el afán de riqueza y de poder... Y a esto no todos estarán dispuestos. Al mismo Jesús lo están rechazando los importantes de Israel. Y, finalmente, lo condenarán por alborotador. Los discípulos no van a ser tratados mejor: Mirad que os mando como corderos en medio de lobos... Y nosotros, Señor, ¿nos quejamos de no ser comprendidos, de ser rechazados, a veces? Que no nos acobardemos ante la dificultad y el rechazo. Que contigo, Señor, continuemos con nuestra misión, para que el Reino siga avanzando.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.