Viernes de la 19ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 19ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: -«¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?» El les respondió: -«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» Ellos insistieron: -« ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? » Él les contestó: -«Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora os digo yo que, si uno se divorcia de su mujer -no hablo de impureza- y se casa con otra, comete adulterio.» Los discípulos le replicaron: -«Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse.» Pero él les dijo: -«No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga.» (Mateo 19, 3-12).

1. Hoy unos fariseos plantean a Jesús la cuestión del divorcio, que era muy debatida por entonces: -«¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?» Dos posturas principales había en respecto a esto: según el rabino Hillel, el divorcio estaba permitido por cualquier motivo; pero el rabino Sammay enseñaba que sólo era lícito cuando se daban faltas morales, sobre todo, el adulterio. Jesús no toma partido, sino que reafirma lo que ya enseñó en el sermón de la Montaña: el amor que une al hombre y la mujer viene de Dios, por eso el matrimonio es indisoluble, porque esa es la voluntad creadora de Dios: “el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer”. Dios crea al ser humano en dos formas, en dos “mitades” podrí-amos decir: varón y hembra, ordenadas la una a la otra, de modo que se complementen y sean los dos una sola cosa, una sola carne, es decir se realicen en una comunión de vida y amor, no sólo en lo sexual, sino en toda la vida. El divorcio no entra, pues, en los planes del Creador. Por eso «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre

2. Los esposos cristianos, por tanto, no están llamados sólo a “no-separarse”, sino a vivir un amor tal que lleguen a ser una sola cosa. De modo que se pueda decir de ellos lo de los miembros de la primera comunidad: “tenían un solo corazón y una sola alma.” ¿De qué sirve no separarse oficialmente, si lo están en su corazón, si no se aman? Por eso su preocupación principal debe ser alimentar el amor que les llevó al matrimonio, crecer en la mutua entrega y en la mutua aceptación. Dice L. Evely: “Todos los días hay que trabajar para crear el matrimonio. La indisolubilidad no es una almohada sobre la que pueden dormirse los esposos, sino una llamada a hacer cada día su amor más vivo." Y como se saben débiles y egoístas, los esposos deben orar mucho. Han de vivir unidos a Dios. Porque, como dice Juan J. Bartolomé, "la postura de Jesús sólo la comprende quien, como él, pone a Dios por encima de todas las cosas, quien le permite a Dios ser Dios siempre."

3. Lo que dice Jesús del matrimonio, de alguna manera podemos aplicarlo a otros compromisos de amor: por ejemplo, la vida religiosa, el sacerdocio, los laicos consagrados. También ese amor exige fidelidad y entrega total, que hay que cuidar y alimentar, cada día, con la oración, para que crezca y se afiance el compromiso. Hoy cada uno debemos preguntarnos si estamos siendo fieles a nuestro compromiso de entrega. ¿Cuidamos y alimentamos el amor que nos llevó a él? ¿Evitamos todo lo que puede llevarnos a la infidelidad? Señor, hoy te ruego por todos los matrimonios y por todos los que tienen cualquier otro compromiso de amor. Que cada uno sea fiel a su vocación de entrega. Cuídalos. Haz que el amor que les llevó al compromiso crezca. Y sobre todo, te ruego por aquellos que ven en peligro su compromiso y luchan por salvarlo. Ayúdales, ilumínalos. Y, finalmente, te ruego por los que, por diversas circunstancias, viven con dolor la ruptura de su matrimonio o su compromiso de entrega. Que experimenten el consuelo de que tú les amas también en esa situación.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

14/08/2009


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