Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. “Lo seguía mucha gente, porque veían los signos que hacía con los enfermos.” Lo primero que vemos en el evangelio de hoy es que a Jesús lo sigue mucha gente. Es lo primero: Sentir ganas e ilusionarnos con seguir a Cristo. Dejarnos ganar por él, y con él ponernos en camino. Desinstalarnos de nuestra vida cómoda y tranquila. Dice J. Gomis: “El hombre seguro, el que cree sabérselo todo, el que no tiene hambre y sed de más vida, de más verdad, de más amor…, el satisfecho no puede captar nada de la Palabra de Jesús.” Es un sordo y un mudo. Oye y ve, pero nada le dice lo que oye y ve. Como pasaba a los dirigentes religiosos judíos, los satisfechos de los tiempos de Cristo. Su satisfacción y seguridad no les dejaban comprender lo que oían y veían. A muchos cristianos nos pasa algo parecido, Señor. Nos creemos ya cristianos, estamos satisfechos con la vida que llevamos y no sentimos necesidad de profundizar en tu seguimiento. Danos, Señor, hambre y sed de más vida, de más entrega, de más amor. Que te busquemos sin descanso, porque nunca terminamos de encontrarte.
2. “Al ver Jesús que mucha gente acudía a él, dijo a Felipe: `¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?`… Entonces intervino Andrés diciendo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tanta gente?”. Jesús ve la gente que le busca y enseguida se da cuenta de que es necesario darles de comer. Y’ pregunta a Felipe cómo conseguir pan para todos en aquellas circunstancias. Era como invitar a los discípulos a tomar conciencia del problema de aquella gente y pedirles que se implicaran en la búsqueda de la solución. Felipe reconoce que era demasiado el dinero que necesitarían para conseguir pan para tantos, y Andrés habla de un muchacho que tiene cinco panes y dos peces, pero que con eso no hay para nada. Cuántas veces nosotros ante los problemas y necesidades de nuestros hermanos hemos pensado también que podemos hacer bien poco. Y la tentación es cruzarnos de brazos, y dejar que el problema sigue ahí, empeorando cada vez más.
3. Jesús no actúa así, no se cruza de brazos: pide a los discípulos que se pongan ellos y pongan a disposición de la gente lo que tienen: “Jesús mandó que se sentaran todos… Luego tomó los panes, y después de haber dado gracias a Dios, los distribuyó entre todos. Hizo lo mismo con los peces y les dio todo lo que quisieron..., y con lo que sobró de los cinco panes llenaron doce canastos”. Los discípulos tenían poco, pero aquello poco, compartido, se convirtió en alimento de miles de personas. Y sobró. Ante muchos problemas de nuestro mundo, nosotros podemos hacer poco, pero algo podemos. Lo primero, no cerrar los ojos ante esos problemas; y después, no parapetarnos en el “yo poco puedo hacer.” Siempre podremos compartir lo poco que tengamos cada uno, aunque –como dice J. A. Pagola-, “sea tan poco y desproporcionado con la magnitud del problema como los cinco panes y el par de peces de aquel muchacho”. Claro que –añade el mismo autor- “sólo cuando reconocemos que nuestros bienes son un regalo del Padre a la humanidad, podemos ponerlos al servicio de los hermanos…” Señor, que hoy aprendamos la lección que nos das. Que comprendamos que tú, para hacer el milagro, necesitas de nuestra colaboración; necesitas de ese poco que llevamos en la alforja de nuestra vida: pan, tiempo, formación…, que son un regalo del Padre para que lo compartamos con los demás, y que –como dice Pagola- “la vida no se nos ha dado para hacer dinero sino para hacernos hermanos.”
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.