22 de julio – Santa María Magdalena
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto." ( Juan 20, 1. 11-18). Junto al sepulcro, María Magdalena llora la pérdida de su Señor. Dos ángeles le preguntan: - «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: - «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Ella ama a su Señor y se ha quedado sin él, se lo han llevado y no sabe dónde lo han puesto. ¿Cómo podrá vivir sin el que ama? A veces también nuestro corazón llora. Pero ¿por qué?; ¿por qué lloramos nosotros? Cuántas cosas sin importancia nos hacen sufrir, Señor, a veces. Pero estar alejados de ti por el pecado, por la tibieza o frialdad en nuestra relación contigo… apenas si nos entristece y nos inquieta. ¡Cuando es lo más triste que nos puede ocurrir! Si descubriéramos tu amor como lo descubrió la Magdalena, ¡cómo lloraríamos tu lejanía o tu pérdida!
“Ella da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: - «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» María buscaba a Cristo, el Amado de su alma, el que da sentido a su vida. Y nosotros ¿qué buscamos? ¿Qué hay detrás de tanta inquietud y desasosiego con que nos movemos? ¿Qué es lo que mueve nuestra vida? María te busca a ti, Señor, y tú le sales al encuentro. Porque, Señor, tú siempre te haces el encontradizo con aquel que te busca con sincero corazón. Que nosotros te busquemos con el ansia enamorada de María. Que te necesitemos como ella te necesitaba. Que sin ti no podamos vivir…
“Jesús le dice: - «¡María!» Ella se vuelve y le dice: - «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice:.. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."» María Magdalena fue y anunció a los discípulos: - «He visto al Señor y ha dicho esto.» Bastó una palabra dicha por Jesús –“¡María!”- para que ella le reconociera. ¡Cuánta ternura y cariño habría en la voz del Señor! “¡Rabboni, Maestro!”, fue la respuesta de María, y se echó a sus pies. Qué estupendo, Señor, escuchar mi nombre de tus labios y caer a tus pies para decirte con todo mi amor: ¡Maestro! Llámame, Señor… Con qué gozo iré entonces a al mundo, sobre todo, a los más desconcertados y desanimados para decirles: “He visto al Señor, ha resucitado, ha vencido el mal y la muerte, está vivo y me ha dicho esto!”
Haznos, santa Magdalena, audaces en el amor, irradiar la luz serena de la Pascua del Señor.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
22/07/2009
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