Domingo 5º de Pascua (B)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras... Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. ( 1Juan 3,18. 22-24) En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre . ( Juan 15, 1-8) 1. Como el domingo pasado nos decía Jesús que él era el Buen Pastor, hoy nos dice que es la vid, y nosotros los sarmientos: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”. Creer en Jesús no es simplemente aceptar un manojo de verdades; es entrar en comunión de vida con él. El bautismo nos une a Cristo y nos comunica su misma vida. Por eso, san Agustín dice que los bautizados “no somos cristianos, sino Cristo.” Porque, como el sarmiento vive de la vida de la vid, así nosotros vivimos de la vida de Cristo. Dice J. Antonio Pagola: “Creer es descubrir a Alguien que nos `hace vivir´ superando nuestra impotencia, nuestros errores y nuestro pecado.” Y añade: “ Una de las tragedias de los cristianos es la de practicar la religión sin ningún contacto con el Viviente. Y, sin embargo, uno empieza a descubrir la verdad de la fe cristiana cuando acierta a vivir en contacto real con el Resucitado. Sólo entonces se descubre que Dios no es una amenaza o un desconocido, sino Alguien vivo que pone nueva fuerza y nueva alegría en nuestras vidas”. Siendo así las cosas, ¿cómo tenerte miedo, Señor, cómo no dejarte entrar en nuestras vidas, cómo no decirte que Sí? 2. “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” La unión con Cto. es condición inexcusable para dar frutos del Espíritu. La fuerza vital del sarmiento y su capacidad de dar fruto depende de la unión con la cepa. Así también en el orden espiritual. ¿No radica aquí la mediocridad de la vida la cristiana y de la falta de vitalidad en la fe de muchos cristianos? No es posible vivir una vida cristiana pujante, sin “permanecer” en el Viviente. Ni fructificar en obras del “hombre nuevo”, del “hombre resucitado”, si no nos vivifica el Espíritu del Resucitado. El sarmiento separado de la cepa se seca y no da fruto. No nos sorprenda, pues, que nos sintamos débiles espiritualmente, y hasta “se nos muera” la fe, cuando la unión con el que nos da la Vida no la alimentamos mediante la oración, los sacramentos y el amor generoso y entregado. Señor, danos tu Espíritu. El nos transformará, nos cambiará y hará que nuestra vida produzca los frutos del Espíritu: los frutos de amor, de paz, de justicia, de solidaridad, de servicio, de entrega, de comprensión, de misericordia… Obras, en definitiva, de personas resucitadas, liberadas del pecado, del egoísmo, etc., las obras del hombre nuevo dirigido y movido por el Espíritu del Resucitado. 3. “Éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él . ” (2ª lectuera) San Juan nos recuerda que sólo podremos decir que somos seguidores de Jesús, que vivimos en comunión con Cristo y “permanecemos” en él, si guardamos sus mandamientos. Y su mandamiento es "que creamos en Jesucristo y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó". Creer y amar. Creer: fiarnos filialmente del amor de Dios, tener confianza total en él. Y amar: amar de verdad, sin quedarnos en las palabras bonitas, sino con obras y en verdad. Lo que refleja la sinceridad de nuestro encuentro con Cristo, y nuestro “vivir” en Cristo, es el amor sincero y gratuito a los demás. Porque, ¿quién que se haya sentido amado gratuitamente por el Señor hasta en su pecado, no se convierte él mismo en amador de los demás aunque sean pecadores? Señor, enséñanos a amar como tú nos amas. Que con nuestras obras de amor reciba gloria el Padre.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
10/05/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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