Jueves de la 4ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: - Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: «El que compartía mi pan me ha traicionado». Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. Os lo aseguro: el que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe recibe al que me ha enviado . ( Juan 13,16-20). 1. Hoy comenzamos a leer y meditar el llamado Discurso de la última cena. Y empezamos meditando las conclusiones del lavatorio de los pies. Antes de cenar, Jesús se había ceñido una toalla y había lavado los pies a sus discípulos. Y cuando acabó, les dijo: “Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.” Lavar los pies era quehacer de esclavos o de los menos importantes de la casa, cuando el amo llegaba de viaje con los pies sucios y cansados. Contemplado en Jesús con los discípulos, ¡qué gesto tan entrañable, fraterno y lleno de simbolismo! Con él, antes de ir a la muerte, Jesús quiere dejar a los suyos una lección viva de cómo deben comportarse los unos con otros. Ellos esperaban que Jesús fuera un Mesías glorioso como Rey y Juez. Y Jesús les ha lavado los pies a ellos, es decir, se ha hecho siervo suyo, el menos importante. Y ellos serán dichosos si hacen lo mismo: si se ponen los unos al servicio de los otros. ¿Cómo andamos en esto del servicio humilde y fraterno a los demás? ¿Nos hacemos “siervos” de ellos, sus servidores gozosos siempre que lo necesitan? ¿Se está cumpliendo en nosotros la bienaventuranza de Jesús: “dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.”? 2. Esto de servir no suena bien a los oídos de las gentes de hoy. Frente a lo de Jesús -“no he venido a ser servido, sino a servir”- hoy son muchos los que viven como si lo suyo fuera buscar ser servidos. Lo del servicio desinteresado, nacido del amor gratuito, no les entra en la cabeza, y menos, en el corazón. Y lo malo es que muchos que nos decimos cristianos nos contagiamos y sucumbimos fácilmente a la tentación del orgullo y de la ambición de poder, olvidando que somos miembros de la comunidad de Jesús, que es “comunidad de iguales”, de hermanos, y estamos llamados a reflejar el amor gratuito del Padre Dios, haciéndonos “servidores” los unos de los otros. San Juan Crisóstomo dice: “El que sólo vive para sí y desprecia a los demás, es un ser inútil, no es hombre, no pertenece a nuestro linaje”. ¿De qué linaje somos nosotros? ¿Somos del “linaje de Cristo”, o estamos entre los seres “inútiles”, de los que habla san Juan Crisóstomo? 3. Cada vez que celebramos la eucaristía, ponemos en práctica lo que Jesús dijo a los suyos en la última cena: “Haced esto en memoria mía.” Y lo hacemos con gozo y alegría, porque sabemos que, en la eucaristía, Jesús renueva su entrega en la cruz por la salvación de los hombres y, hecho Pan y Vino, se nos da para unirnos a él. ¡Qué bueno y provechoso sería que, en cada eucaristía, recordáramos lo que también dijo el Señor en la misma ocasión, después de lavar los pies a los discípulos: “...os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”! Si así fuera, saldríamos de la eucaristía más animados a hacer lo mismo que él: ponernos a los pies de nuestros hermanos los hombres para servirles, y nunca pensaríamos que algún trabajo no es digno de nosotros.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
07/05/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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