Domingo 5º de Cuaresma (B)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor–: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. (Jeremías (31,31-33) En aquel tiempo entre los que habían venido a celebrar la Fiesta había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: -Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: -Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará. Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: -Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: -Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir . ( Juan 12,20-33). 1. El domingo pasado las lecturas nos recordaban lo que es el núcleo de las celebraciones pascuales hacia las que caminamos y para las que nos estamos preparando: " Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. " Para que se realice lo que anuncia Jeremías: “ Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo-.” Hoy Jesús proclama: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre … " La hora de Jesús es la hora de la entrega redentora. E inmediatamente señala cuál va a ser el camino: “ si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.” No hay fruto, no hay vida, sin muerte de la semilla. ¡Cuántas veces hemos escuchado estas palabras! Pero tal vez nos asustan tanto que no terminamos de tomarlas en serio. Y es que nos quedamos en el morir..., ¡y tememos tanto morir! Pero ¿realmente el grano de trigo, la semilla que cae en tierra y se pudre, pierde? ¿No es más verdad que se abre para liberar toda la vida que duerme en ella y convertirse en la espiga o en el árbol frondoso y fuerte...? Es lo que aconteció en Jesús -“el grano de trigo”-, que hizo falta que fuera enterrado, para que toda la vida que habitaba en él estallara y nos salpicara a todos con su vida nueva de resucitado. 2. Este es el camino que hemos de recorrer los que creemos en él. A los que “queremos ver a Jesús” –como aquellos griegos subieron para la fiesta-. Ellos se lo dijeron a Felipe, y éste junto con Andrés se lo dijeron a Jesús. Jesús, les propone: “ Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.” Enterrar ...morir… aborrecer al “hombre viejo” con su egoísmo, soberbia, comodidad, insolidaridad, las actitudes injustas, en definitiva, con su pecado... Para dar fruto, para abrirnos y liberar todas las fuerzas de amor y de vida que habitan en nosotros, pero que contenemos a fuerza de miedos, de cobardías, de desconfianza… Para guardarse para la vida eterna, para la vida de amor, de gozo y gloria en Dios, vida que no acabará, porque ni la muerte física nos la podrá arrebatar. ¿No vale la pena? 3. En fin, que el que se empeñe en guardar esta vida llena de pequeñeces, de mezquindades, de violencia, de agresividad, incomprensiones…, la perderá, será la suya una vida inútil y vacía. Pero el que se arriesgue a arrojarla al surco del amor, de la justicia, de la paz... la ganará: verá que fructifica en una vida plena de sentido, de comunión y de entrega, en la familia, en el trabajo, en las relaciones con los hermanos y con Dios. Lo expresó bien Gustavo Vélez: "Muchos de nosotros no poseemos nada, porque no enterramos nada. Nos pasamos la vida luciendo falsos valores, riquezas aparentes. Pero nunca hemos renunciado a algún bien en aras de otro mayor aunque lejano... Como nada entregamos, nada cosechamos... Sobre los surcos que se han quedado esperando el trigo, sólo brotan las hierbas, los cardos... Nos da miedo que el trigo se muera, por eso nunca revientan las espigas." También Cristo tuvo miedo y sintió la tentación del abandono, de evitar ese tenebroso paso: " Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora.” Concédenos, Señor, hoy decir lo mismo: "ha llegado mi hora...", la hora de la entrega, de morir al hombre viejo, para que surja el hombre nuevo...Y ante el miedo, que proclamemos, apoyados en ti: “ Pero si por esto he venido, para esta hora.”
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
29/03/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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