Domingo 3º de Cuaresma (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 3º de Cuaresma (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo -«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: - «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó:- «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: -«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre. (Juan 2, 13-25).

  1. Este episodio de la purificación del templo lo recogen todos los evangelistas. Pero los sinópticos lo colocan al final de la vida de Jesús, mientras que Juan lo pone al comienzo de su vida pública. Tal vez, porque para Juan tiene un valor programático: nos señala lo que será la misión de Jesús: superar y sustituir la antigua alianza y sus instituciones. El templo era para los judíos el lugar de la presencia de Dios, el lugar donde el pueblo se podía encontrar con Dios: “Dios habita en su santo templo”, canas el salmista. Pero allí Jesus no ve “buscadores del encuentro con Dios”, sino gente que, aprovechándose de Dios y de su templo, han montado su negocio. Con el gesto de tirarlos fuera, Jesús denuncia la falsedad e hipocresía de su religiosidad. Y aquí, la primera reflexión: ¿Cómo andamos de sinceridad y autenticidad en nuestro culto religioso? Tal vez no lo utilicemos para “hacer negocio”, pero ¿no se queda muchas veces en mero cumplimiento de normas, en ritos, que enmascaran nuestras faltas de amor y nuestras injusticias? Señor, que tú nunca tengas que “expulsarme del templo” por farsante. Que mi búsqueda de Dios y mi culto sean sinceros.
  1. Pero Jesús no ha venido sólo para purificar las antiguas instituciones judías y el culto, sino a sustituirlas. Por eso, cuando las autoridades religiosas preguntan: ¿Qué signos nos muestras para obrar así?”, es decir, con qué signos acreditas tu autoridad para hacer lo que has hecho, Jesus respondió: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.” Y el evangelista aclara: “Pero El hablaba del templo de su cuerpo.” Es decir, el nuevo templo, donde adorar a Dios y encontrarse con él, ya no será de piedras, sino una persona: Cristo Resucitado. Para el cristiano lo único importante, pues, es la persona de de Jesús, en quien Dios nos sale al encuentro. Pero hay un lugar privilegiado para encontrarnos con Cristo: la comunidad cristiana reunida en la Eucaristía en torno al cuerpo muerto y resucitado de Jesús. Por eso hoy debemos preguntarnos: ¿Me tomo en serio mis eucaristías? ¿Voy a ellas con el deseo de encontrarme con el Dios revelado en Jesús?
  1. Y, finalmente, no podemos olvidar que también en toda persona humana está Dios. Lo dijo Jesús: “lo que hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.” Cada hombre es templo de Dios. Amar y servir al hombre es amar y servir a Cristo. Pero maltratar, oprimir, explotar o despreciar al hombre, es profanar el templo de Dios. Cuando ocurre la profanación de un lugar u objeto sagrado -como el crucifijo, el sagrario, etc.-, ¡cómo nos estremecemos y escandalizamos! Hoy tenemos que preguntarnos si nos estremecernos y escandalizarnos igualmente ante las profanaciones y explotaciones cualquier ser humano, que es templo de Dios. Señor, que te busque y te respete en el templo hecho de piedras y en la eucaristía, etc., pero que no olvide respetarte, amarte y servirte también en ese otro templo de Dios que es el hombre, con el que me encuentro en todos los caminos de la vida.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

15/03/2009


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