Martes de la 6ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó: Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes. Ellos comentaban: Lo dice porque no tenemos pan. Dándose cuenta, les dijo Jesús: ¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil ¿Os acordáis? Ellos contestaron: Doce. ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil? Le respondieron: Siete. Él les dijo: ¿Y no acabáis de entender? ( Marcos 8, 17-25). 1. Los discípulos ya llevan bastante tiempo con Jesús y han visto los signos que ha ido haciendo. El último, la multiplicación de los panes. Pero ahí siguen sin ver, sin entender ni a Jesús ni su mensaje y misión salvadora. Hoy les vemos preocupados porque sólo tienen un pan y no va a ser suficiente para comer. Jesús les dice: “Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes”. Ellos piensan que les reprocha que no hayan comprado más pan, y es que –inmersos en sus preocupaciones terrenas- , no han sabido ver el sentido profundo de la multiplicación de los panes, que Jesús es el pastor mesiánico de Israel, el portador de la salvación de Dios. Esto duele a Jesús: “ ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿No recordáis lo que os sobró de los siete panes que teníais?.. . Esta queja, Señor, la escucho como hecha a mí. Porque yo he escuchado tu mensaje y me digo discípulo tuyo, pero ando por la vida tan lleno de preocupaciones e inquietudes terrenas… Y para descubrirte a ti y ver tus obras y tu amor es necesario pararse y mirar. Y “recordar” –en su sentido etimológico de “traer de nuevo al corazón”- lo que has hecho, y no ser tan olvidadizo. ¿Qué me está impidiendo ver para creer y confiar más en ti, Señor? 2. “Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes,” les dice. La levadura es algo que hace fermentar la masa. Metafóricamente se refiere a algo que de alguna manera “corrompe” moralmente. Aquí Jesús habla de “tener cuidado con la levadura de los fariseos”. Y con ello Jesús les advierte a los discípulos que lleven cuidado de no contagiarse de la actitud de los fariseos, tan legalista, hipócrita, autosuficiente, incrédula y obstinada, que son capaces de usar la religión para rechazar a Jesús y buscar eliminarlo, porque no es el rey-mesías, poderoso y aplastador de los enemigos que ellos sueñan. La levadura buena que transformará el mundo y lo hará mejor no es la de los fariseos, sino la de Jesús – el Siervo humilde y servidor-, y su mensaje de amor, de entrega, de servicio y de compartir… Hoy, Señor, en este mundo nuestro también hay levaduras que corrompen, de las que nos adviertes a los cristianos que nos guardemos: el materialismo, el hedonismo y la sensualidad, la religión de apariencias, la moral según el antojo de cada uno, el medrar a costa de lo que sea… ¿De qué “levaduras” tengo yo que guardarme de modo especial, Señor? 3. Para discernir entre la levadura mala -de la que tenemos que cuidarnos- y la buena, la de Jesús -de la que debemos dejarnos fermentar-, hemos de escuchar a Jesús en la meditación de su Palabra y en la oración. Él es la Luz que puede iluminar nuestros corazones y enseñarnos a valorar con acierto los distintos caminos que se nos presentan en la vida. De ahí la necesidad de encontrarnos con él cada día en la oración. Para que nos ilumine. Para descubrir qué levaduras dañinas infeccionan o pueden infeccionar nuestra vida. Para que el Señor nos ayude a arrojarlas fuera y, en contra, a acoger aquello que nos puede hacer crecer en la fe y vivir más fielmente su mensaje de amor, fraternidad, servicio y solidaridad.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
17/02/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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