La Sagrada Familia: Jesús, María y José

Paso la palabra. Para meditar cada día
La Sagrada Familia: Jesús, María y José
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. ( Col 3,1-12-13).

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba . ( Lc 2, 21.39-40)

  1. En este ambiente navideño, la liturgia nos presenta a la Sagrada Familia. Como queriendo remarcar que La Palabra de Dios se hizo uno como los demás y quiso vivir su existencia humana en el seno de una familia que tuvo sus problemas y contrariedades, como cualquier otra familia. Pero con algo especial: la vida de esta familia estuvo siempre presidida por el proyecto que Dios tenía sobre cada uno de sus miembros. Ahí está María, la Madre, una mujer que dijo sí a Dios y fue fiel a ese sí siempre. Ahí está José, un hombre siempre disponible a Dios; en varias ocasiones se dice de él: “José hizo lo que el ángel le había dicho el ángel.” Ahí está Jesús, aprendiendo de sus padres esta actitud de disponibilidad para con Dios. Más tarde dirá que su alimento es hacer la voluntad del Padre. ¡Qué estupenda lección para la vida personal de cada uno de nosotros y para la vida de nuestras familias! Mirar a Dios, escuchar a Dios, decir sí a Dios, serle fiel… ¿Habrá camino más seguro para la paz y felicidad de una familia? Señor, hoy te ruego por mi familia y todas las familias. Sobre todo, por las familias rotas o en trance de romperse. Que miren a la familia de Nazaret. Que la imiten.
  1. La liturgia nos presenta a esta familia como modelo de la familia cristiana. La llamamos "Sagrada familia”. Y "sagrada " debe ser toda familia que nace de la fe: está llamada a realizar el proyecto de Dios sobre ella, a ser, en el mundo, signo visible del hogar del cielo, del amor de Dios. Y si no, ¿qué diferencia habría entre una familia cristiana y una familia no cristiana? En la familia de Nazaret se vivía el amor, di-ríamos “hacia arriba” (a Dios) y “hacia los lados” (al otro). Y todos los acontecimientos se vivían desde la fe. Hoy no se lleva esto, por desgracia. No se lleva que los esposos, por encima de todo, se amen, se comprendan, se perdonen, y permanezcan unidos hasta la muerte, a pesar de las dificultades, diferencias, etc. Ni se lleva que los hijos respeten a los padres, aunque sean ¡ancianos! (Cuántos padres ancianos marginados por los hijos se ven…) Ni que los padres respeten a los hijos y dialoguen con ellos, sin querer hacer de ellos lo que ellos no lograron ser, sino que respeten su propia vocación… Como José y María, que dejaron que Jesús siguiera el camino trazado por el Padre, aunque no lo entendieran… Señor, protege a nuestras familias. Haz de ellas verdaderas familias cristianas, pertenecientes a Cristo, vivientes de Cristo y su Mensaje.
  1. La carta a los Colosenses es un buen programa para la convivencia. ¡Qué distintas serían las cosas si nos vistiéramos del vestido que nos dice san Pablo: “vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.” Y después, el perdón: “Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro”. Somos distintos, aceptémonos como distintos; somos limitados, débiles, aceptémonos como tales, y sepamos perdonarnos mutuamente. Como Dios nos acepta, a pesar de nuestras deficiencias y pecados, y nos perdona una y otra vez. Dios es Amor. ¡Ojalá nosotros nos dejáramos habitar por ese Dios-Amor! Entonces “la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión”, estarían en nosotros y en nuestras familias. Y nos aceptaríamos, amaríamos y perdonaríamos, como Dios hace con nosotros. Concédenoslo hoy, Señor.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

28/12/2008


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