Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Último domingo de Adviento. La navidad está cerca. Se nota ya en las calles, en los comercios iluminados. Mucha gente está preparando ya la Navidad. Pero ¿Navidad cristiana o pagana? Muchos se limitan a preparar las cosas para la Navidad, hacen sus compras, preparan los regalos, las vacaciones, etc. También nosotros nos preparamos. Pero ¿nos preparamos nosotros mismos o nos quedamos también en preparar las cosas? Es el peligro. Navidad es Dios que viene a nosotros, que nace en nosotros y para nosotros. Hoy la liturgia nos presente a María de Nazaret, la muchacha elegida por Dios para ser la Madre del Mesías Salvador. Porque ella es la que mejor vivió el Adviento, la que mejor se preparó para recibir al Mesías. Ella es la mejor maestra de cómo vivir el misterio de la Navidad. El Evangelio la presenta recibiendo el anuncio de la venida del Señor a su vida, a su realidad, incluso a su carne. Ella escucha, no comprende, pero se pone a disposición de los designios de salvación de Dios: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el Verbo se hizo carne.
2. María, Madre, contemplándote hoy diciendo Sí al Señor, quiero decirte con Carlos G. Vallés que “ Me fascina oírte decir ¡Sí! Es música en tus labios, es explosión de vida, es afirmación generosa y alegre de todo lo que eres tú y quieres que seamos los demás. ¿Te has fijado en que cuando dices ¡Sí! estás afirmando tu vida, estás confiando en Dios, estás confiando en la Providencia que se compromete a hacer realidad tu confianza y verdad, tu palabra? Cuando dices ¡Sí! con esa energía y esa vibración con que lo dices, estás haciendo que todo el que te oiga crea en la vida, se enamore del mundo, se afiance en la eternidad. Cada ¡Sí! tuyo es un grito, un testimonio, un empujón de gracia para los que te oímos. Me está sonando en los oídos ese ¡Sí! de tus labios, tan claro, tan valiente, tan tuyo. Me ayuda el escucharlo. Toda la vida es un lento aprender a decir ¡SÍ!” Que yo lo aprenda, María.
3. La Anunciación de María es la anunciación de todo hombre. A cada uno nos invita Dios a aceptar el proyecto que ha pensado para nosotros. Hoy nos recuerda que Dios sigue necesitando que se le acoja, sigue necesitando una madre que lo revista de carne. Desde la Iglesia y en la Iglesia cada hombre puede ser “madre” de Cristo y darle a luz al mundo. Lo dice J. J. Bartolomé: “Dios, que quiere encarnarse en nuestro mundo, sigue buscando creyentes que se declaren dispuestos, como María, a acogerle sinceramente, con el corazón, totalmente, en sus vidas. Ante el ejemplo de María, tendríamos que preguntarnos si no debería cambiar en algo nuestra existencia cristiana, para que le fuera más fácil a nuestros Dios el venir al encuentro del hombre hoy; mirando hoy a María, nos ha de cuestionar por qué Dios no se hace presente entre nosotros, por qué no le servimos de puente para que se haga presente en nuestro mundo.” Ojalá Dios encuentre en nosotros la disponibilidad que encontró en María, y, como ella, respondamos hoy: “hágase en mí según tu palabra.” ¿O se tendrá que seguir esperando nuestra respuesta?
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.