18 de diciembre - Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: "El-Señor-nuestra-justicia". Por eso, mirad que llegan días -oráculo del Señor - en que no se dirá: "Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto", sino que se dirá: "Vive el Señor, que sacó a la raza de Israel del país del Norte y de los países adonde los expulsó, y los trajo para que habitaran en sus campos. ( Jeremías 23, 5-8). Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: - José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a su casa a su muje r. (Mateo 1,16. 18-21. 24ª). 1. Ya cercana la Navidad, aparece la figura de José, el esposo de María. Y aparece como el israelita dócil y fiel a la voluntad de Dios, que cree en el amor de Dios aun cuando no vea las cosas claras, aun en los momentos de oscuridad. Así aparece siempre en los pocos episodios en que el evangelio alude a él. Y así aparece hoy. Está desconcertado ante el embarazo de su esposa, con la que aún no convive, sin saber qué hacer. Su fidelidad a Dios lo empuja a cumplir la ley que manda repudiar a su esposa a la que considera culpable; pero, por otra parte, su amor al prójimo como a sí mismo, que también manda la ley, no le permitía infamarla. Y es cuando interviene Dios, por medio del ángel, y le desvela el misterio obrado en María: “ José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo ”. José acepta el misterio, y “ cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a su casa a su mujer”. 2. Así de sencillamente se puso José a disposición de Dios y acogió el proyecto de Dios sobre él: ser el esposo de María y asumir el papel de padre del Hijo de Dios, ser el custodio de ambos. Y será fiel al encargo de Dios, a pesar de las dificultades y de las oscuridades por las que pasará. Esta es la lección de José: aceptar la misión que Dios nos confía a cada uno; confiar en Dios, fiarnos de su amor, dejarnos guiar por el que nos ama y -porque nos ama- nunca nos va a fallar. ¿Es ésta nuestra actitud? Cristiano es el que cree en el amor de Dios y en su fidelidad para siempre, el que se deja guiar por Dios aunque no vea claras las cosas... San José, esposo de María, en estos días de espera, últimos ya de adviento, intercede por nosotros: que nos fiemos del amor de Dios, como tú, que nos dejemos guiar por él, sobre todo, en los momentos oscuros de nuestra vida. 3. “(María) dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.” Como padre legal, José impondrá nombre al hijo de María. Jesús - Yahvé-salva- será el nombre que le impondrá, porque el que crece en el seno de María, “salvará a su pueblo de los pecados.” Dios siempre ha venido, ha intervenido en la historia para salvar, para hacer pasar de un estado de esclavitud del pecado a otro de libertad. Y para eso viene “hoy” -en este momento de la historia- a nuestro “Egipto” o “destierro” personal y comunitario donde vivimos esclavizados, para liberarnos de la injusticia, de la insolidaridad, del egoísmo, etc., que nos impiden ser libres y poder vivir y crecer como humanos y como hijos de Dios. Esta es la esperanza que intenta alimentar en nosotros Adviento. Ese es el grito de la liturgia en las vísperas de hoy: “Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley: ven a librarnos con el poder de tu brazo» Para que venga –se nos viene recordando- urge preparar los caminos. ¿Lo estamos haciendo? ¿Qué obstáculos descubro que quedan aún por remover? Dios viene. Pero ¿nosotros salimos a su encuentro, dispuestos a aceptarlo? Oremos confiadamente : «Concédenos, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo .”(Colecta de la misa).
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
18/12/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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