Domingo 3º de Adviento (B)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
+ “Hermanos: Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.” ( 1 Tesalonicenses 5,16-22). + “Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». Él confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: « ¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: « ¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo Él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: ‘Rectificad el camino del Señor’, como dijo el profeta Isaías». Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo, ni Elías, ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando” . (Jn 1,6-8.19-28 ) 1. A este domingo 3º de Adviento se le suele llamar “domingo de la alegría”. En la 2ª lectura san Pablo nos invita a estar alegres: «Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros » . ¿Cómo no estar alegres sabiéndonos amados y salvados por Dios, hermanados por Cristo? ¿Cómo no estar alegres cuando sabemos que el Señor ha venido y viene a liberarnos de todos los males y esclavitudes? Por eso, lo nuestro es la alegría. En los momentos fáciles y en los difíciles. Dios está siempre con nosotros. Siempre estamos en manos de Dios, que nos ama y desea lo mejor para nosotros. ¿Cómo dejarnos, pues, atrapar por la tristeza y la desesperanza? Se dice que “un cristiano triste es un triste cristiano.” Porque no ha entendido, Señor, ni se ha enterado de que tú has dado tu vida por cada uno de nosotros: ¡que a tanto llega lo que nos valoras y quieres, Señor! Alguien ha escrito que nuestro mundo es un mundo triste. Se ve mucha alegría jaranera en muchos, pero cuando las personas se nos revelan en profundidad, llegamos a la misma conclusión: Son demasiados los que andan por la vida con demasiada tristeza en el corazón, que disimulan y tratan de ocultar, pero que no hacen desaparecer ... ¿Por qué la tristeza de nuestro mundo? ¿Por qué nuestra tristeza de algunas ocasiones? Pablo VI decía: «El hombre está triste porque ha equivocado el camino». Buscamos la felicidad y la alegría de vivir en cosas que no nos la pueden dar en plenitud: en el tener, en el poder, en triunfar, en los aplausos de la gente, en gozar de los placeres de este mudo, etc. Frente a esto, S. Agustín advertía: «Busca la felicidad, pero no donde la buscas... » Hay que buscarla en vivir según los planes de Dios, en caminar por los caminos del amor y de la entrega. Francisco de Asís ha sido uno de los santos más alegres del santoral cristiano. ¿Porque no tenía problemas? No. Porque tenía a Dios, que es Fuente de toda alegría, y caminó por los caminos de Dios... Por eso, al final de su vida, estando muy enfermo y sufriendo los horrores de la enfermedad, invitaba a sus frailes a cantar y alabar a Dios. Y ¿de dónde brotaba la sonrisa que siempre lucía la Madre Teresa de Calcuta en sus labios? Tenía muchos motivos para vivir angustiada… Pero ella había abierto la puerta de su vida a Dios y a los hermanos, y vivía el amor. Y esto pone siempre alegría en el corazón y sonrisa en los labios.
En el evangelio, cuando a Juan Bautista le preguntan por qué bautizaba si no es el Mesías, ni Elías ni el profeta, él responde: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí». Jesús es el Mesías que esperan. Y está ahí. Juan ha dado testimonio de él. Juan lo ha señalado, pero ellos no lo conocen… ¿No es lo que nos pasa a nosotros? El Salvador está en medio de nosotros; pero ni nos damos cuenta. Ionesco escribe: “Siempre tenemos esperanza porque sabemos que el Mesías está detrás de la puerta; tenemos esperanza de que El la abrirá un día y de que este mundo será inundado por la alegría y la luz.” ¡Ah, Señor, si abrieras la puerta! Ábrela, Señor. Que nuestros corazones se llenen de ese gozo y esa alegría que andamos buscando y sólo tú puedes dar.
Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por J. N. S.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
14/12/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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