Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. El domingo pasado meditábamos la parábola de las jóvenes insensatas, que se descuidan, y la llegada del novio les sorprende sin aceite para sus lámparas. Con ella el Señor nos llamaba a esperar la venida del Señor teniéndolo todo a punto. Pero ¿qué es tenerlo todo a punto: Sólo conservar la gracia y evitar el pecado? Con la parábola de los talentos el Señor nos da la respuesta. En ella nos habla de un hombre que encarga de sus negocios a sus criados, porque tiene que hacer un viaje. A uno le dio 5 talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada uno según su capacidad. Los dos primeros trabajaron con ellos, y cada uno logró duplicar lo recibido; pero el que recibió uno, se limitó a conservar lo que se le había dado. Cuando regresó el amo y pidió cuentas, alabó y premió con el mismo premio a los dos que trabajaron e hicieron rendir los talentos recibidos. El Señor no mira el rendimiento, pues, sino el amor puesto: ‘Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, te daré un caro importante; entra en el gozo de tu señor’, les dice. Mientras que al que se limitó a conservar el talento recibido le recriminó haber sido “malo y perezoso” y mandó que se lo quitaran y lo entregaran al que tenía diez, y él fue condenado a las tinieblas exteriores.
2. Esta parábola la lee la primera comunidad cristiana y se la aplica a ella. El Señor Jesús se alejó de la comunidad en la Ascensión, dejándoles el Reino de Dios y encargándoles que trabajaran para hacerlo avanzar y crecer, pues un día el Señor regresará para pedirles cuenta de qué ha hecho cada uno con los dones recibidos. A los que hayan trabajado los premiará con el mismo banquete mesiánico, y los que no hayan hecho nada -aunque hayan permanecido en la comunidad-, serán condenados a las tinieblas exteriores, a no participar en su banquete. Hoy se nos presenta esta parábola a nosotros, a quienes el Señor nos ha confiado los dones del Reino para que lo implantemos en este mundo de comienzos del siglo XXI. Y nos recuerda que un día vendrá y nos juzgará según lo hayamos hecho avanzar o no. De esto nos pedirá cuenta. A caca uno según la gracia y los dones y cualidades que haya recibido… Si hoy nos pidiera cuentas el Señor de lo que hemos hecho o estamos haciendo, ¿nos alabaría y premiaría, o nos reprocharía nuestra pereza y nuestro no haber hecho nada?
3. Señor no nos ha llamado sólo para que no quebrantemos los mandamientos y no matemos ni robemos ni hagamos mal a nadie, sino para que trabajemos en el “negocio del evangelio”, a fin de transformar este mundo, poniendo más amor, más solidaridad, mas justicia, más servicio y entrega a los que sufren, etc. Por eso, no sólo nos pedirá cuenta del mal hecho, sino también del bien no hecho. Recordemos que el criado infiel no es condenado porque malgastó el talento recibido -porque hizo el mal-, sino porque no ha hecho el bien que podía hacer con ese talento. No es condenado por el pecado de comisión, sino por el de omisión. Un pecado que no suele remordemos mucho a los cristianos y del que nos confesamos poco. Un autor escribe: “Los bienes del Señor no se pueden concebir a la manera de un depósito que hay que conservar, sino como un sembradío con exigencia de crecimiento y fructificación.” Señor, que no malgaste yo los talentos que me has dado, ni “entierre” ninguno. Así no oiré las palabras condenatorias que escuchó el “siervo malo y perezoso”: «echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes»
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.