Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. El evangelio de hoy recoge tres reproches que hizo Jesús a los fariseos. Primero: se preocupan mucho de cosas de poca importancia, pero descuidan lo importante. Así, cumplían la ley hasta más allá de lo mandado. Ejemplo: la ley mandaba ofrecer al Templo el "décimo" de la cosecha. Y ellos pagaban hasta el de semillas tan pequeñas como la hierbabuena, la ruda y otras legumbres, que no era obligatorio. Jesús los critica, no por lo que hacen, sino por olvidar cosas mucho más importantes, como eran la justicia y el amor de Dios. “Esto habría que practicar, sin descuidar aquello”, les dice. ¿No caemos nosotros en lo mismo? Cumplimos muy bien ciertas normas, ritos y devociones; pero después descuidamos el amor, la caridad, la comprensión, el perdón y la entrega a los demás. Y es que –si bien lo miramos- aquello no nos complica demasiado la vida, pero esto otro sí.
2. Segundo reproche: su vanidad y afán de figurar. Con su estricto cumplimiento de la ley y su piedad no buscan la gloria de Dios, sino hinchar su “ego”, que los tengan por buenos y los veneren y alaben y así les den los puestos de honor: “ os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle.” ¿No nos reconocemos en ellos?; ¿no hacemos, a veces, el bien más para ser bien vistos, que por amor? Señor, dame un corazón humilde, que busque tu gloria, Señor, y nada más que tu gloria... Y el tercer reproche: que con el perfecto cumplimiento exterior lo que pretenden es ocultar la podredumbre de su corazón. De modo que, como la gente sencilla no sabe cómo son en realidad, se fían de ellos y les sigan y se “contaminen de su misma podredumbre”: “ ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!” No basta cumplir bien lo mandado, hace falta cambiar el corazón, limpiarlo de lo podrido y llenarlo de amor. A veces, ¿con nuestras oraciones, misas, y cosas así, no intentamos tapar la corrupción del corazón? Señor, que sea más sincero en mi vida y que destruya el “fariseo” que llevo dentro.
3. Un escriba, que escuchaba, protesta porque se siente ofendido por los reproches de Jesús contra los fariseos: “ Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros”. Y tenía razón, puesto que los doctores de la ley eran los maestros de los fariseos. Y condenando a los “discípulos”, es lógico que los “maestros” se sientan condenados también. Jesús entonces denuncia su pecado, que era “decir, y no hacer”, “enseñar, y no cumplir”, “predicar, y no dar trigo:” “ Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas importantes, mientras vosotros no las tocáis ni con el dedo”... ¿No es lo que hacemos nosotros muchas veces? ¡Con qué seguridad y desparpajo decimos a otros lo que tienen que hacer! En la vida de familia, en la clase, en la catequesis, en la comunidad, etc. Los demás deben ser, deben hacer... deben obrar., deben..., deben; pero nosotros, ¿hacemos lo que enseñamos? A veces, como aquellos escribas, ni tocamos con el dedo la carga que echamos sobre los demás. Señor, ten misericordia de mí. Que indique, sí, el camino a quienes debo indicarlo; pero que yo camine delante. Y cuando el otro caiga, que sea comprensivo como tú, Señor, lo eres conmigo.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.