Lunes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: -«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.» (Lucas 11, 29-32)

1. Jesús denuncia con dureza la incredulidad de los dirigentes judíos de su tiempo. “Generación perversa”, les llama. No hacen más que exigir signos a su gusto y medida, para creer que era el Mesías. ¡Cuando Jesús es el signo de Dios por excelencia y está mostrando, con sus obras, que el Reino de Dios está en medio de ellos! ¿Qué más signo quieren? Dios está obrando la salvación por Jesús y en Jesús: está sanando a toda clase de enfermos, expulsando demonios y anunciado la buena nueva a los pobres...; pero ellos se niegan a ver. Jesús les dice que a esa generación “no se le dará más signo que el signo de Jonás.” Como Jonás volvió a la vida después de tres días en el vientre del cetáceo, y fue señal para que los de Nínive se convirtieran con su predicación, así Jesús, a quien ellos condenarán a morir, resucitará al tercer día. La resurrección será la señal que se dará a estas gentes incrédulas. Pero ni así creerán. ¡Qué dureza de corazón! Pero cuidado: es fácil condenar a los que se resistían a convertirse entonces; pero ¿qué decimos del corazón duro que tenemos muchos cristianos, y de la resistencia que oponemos a la gracia de Dios?

2. En el día del juicio -dice Jesús- a los de esta generación “la reina del Sur se levantará y hará que los condenen”, y también “los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen.” Ese día la reina del Sur y los ninivitas testificarán contra ellos. Porque ella hizo un largo viaje para escuchar a Salomón, y los ninivitas se convirtieron ante la predicación de Jonás. Y Jesús es más que Salomón y más que Jonás. Y ellos están viendo las obras de Jesús y oyendo su mensaje, pero no dan un paso adelante y se convierten. Y es que sólo el que tiene voluntad de cambio, de conversión, escucha y acepta la palabra de Dios, y en aquella gente no había esa voluntad. El Señor llamaba, pero ellos no le abren, porque no se somete a sus criterios y no hace el milagro que le exigen. Señor, yo quiero acoger con gozo tu salvación. No necesito hechos extraordinarios. Tu amor, Señor, y tu entrega por los hombres es el signo que me conmueve y me convence. Eso me basta.

3. Jesús es el Dios vivo que nos ha traído una vida nueva. Por eso ser discípulo de Cristo no consiste sólo en conocer su doctrina, sino en vivir su vida, una vida que tenemos que alimentar mediante los sacramentos y el trato personal con él en la oración. Señor, que nosotros, los cristianos de hoy no echemos en saco roto las gracias que nos das; que no seamos tan obcecados como aquéllos y te abramos las puertas y no merezcamos que, por nuestro corazón duro, tengas que hacernos los mismos reproches que hiciste a aquellos contemporáneos tuyos. Y no demos lugar a que, en el juicio, los ninivitas y la reina de Saba testifiquen contra nosotros porque ellos hicieron más caso a Salomón y a Jonás que nosotros a ti, Señor.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

13/10/2008


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