Martes de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 23ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Por entonces, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apósto­les: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó Jesús del monte con los doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los ator­mentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos . (Lucas 6,12-19 ).

1. La oración aparece muy presente en la vida de Jesús. Él andaba muy ocupado, predi­cando y sanando por todas partes; pero siempre encontraba tiempo para la oración. En diversas ocasiones los evangelistas hablan de que se retiraba a orar, a buscar el encuentro con el Padre. Lucas, en concreto, habla de esto en 11 ocasiones. Hoy vemos que prepara el momento importante de elegir a los doce apóstoles orando al Padre: "subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios". En la soledad con Dios, busca unir su voluntad a la del Padre, quiere hacer la elección de los Doce según esa voluntad. Para Jesús la oración era imprescindible... ¿Lo es para mí? ¿Reservo tiempo para el encuentro con Dios en la oración? ¡Qué otras se-rían mi vida y mis decisiones –personales, de familia, de comunidad, etc.- si las "orara" ante el Señor antes? Señor Jesús, dame el gusto de la oración. Hazme persona de oración. Que "trabaje" cuanto pueda por el Reino, pero sin arrinconar la oración, que es la gran tentación.

2. Al hacerse de día, después de tratarlo con el Padre, de entre los discípulos Jesús elige a doce, a los que llama apóstoles, que significa enviados. Los llama para que estén con él y después enviarlos a la misma misión que él recibió del Padre. Eran gente sencilla, del pueblo, sin cualidades especiales, débiles y pecadores como todos. Pero Jesús quiso elegir a éstos y no a otros. Porque, como decía Santa Teresa de Lisieux, Dios no llama "a los que son dignos, sino a los que quiere". También a nosotros el Señor nos ha llamado a cada uno por nuestro nombre y nos ha elegido para que seamos de los suyos. Y no, por nuestros mé­ritos y cualidades, sino porque así le ha parecido bien a él. Gracias, Señor, por tanto amor. No me dejes de tu mano. Que sea fiel a la gracia de la elección, que no te traicione. Y si te traiciono alguna vez, mírame, como miraste a Pedro, con mirada de amor y misericordia, y que llore mi pecado.

3. Cuando Jesús desciende del monte —de la comunión con Dios- se encuentra con la gente que le busca. Vienen de todas partes, de Judea y también de Tiro y Sidón. Era gente desorientada y abandonada, que vienen cargados con sus sufrimientos y enfermedades. Y Jesús los acoge a todos, judíos y paganos. Y les da su palabra y los libra de sus padecimientos: "Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos”. A no­sotros, los cristianos, ¿nos buscan para oír "la buen noticia del Reino" y porque tienen experiencia de que van a ser acogidos y van a encontrar a alguien que se va a interesar por aliviarles de los males que les aquejan? ¿Se puede decir de nosotros que "sale una fuerza" que cura, que alivia, que libera de sus sufrimientos y tristezas a los que se acercan a nosotros? Señor, transfórmanos. Que, en la oración, te miremos a ti, para aprender cómo comportamos con los que sufren.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

09/09/2008


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