Sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: "¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?" Jesús les replicó: "¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros." Y añadió: "El Hijo del hombre es señor del Sábado." ( Lucas 6, 1-5)

1. El descanso sabático era una ley central en el judaísmo, uno de los Diez mandamientos. Pero de esta ley los fariseos hacían una interpretación excesivamente rigurosa. Como en este caso de las espigas que arrancan los discípulos para comer. La ley permitía a los pobres arrancar espigas de los campos si tenían hambre. Pero los fariseos incluían esta acción entre los trabajos de recolección, que sí estaban prohibidos en sábado. Por eso se escandalizan de que lo hagan los discípulos. Y así resultaba que una ley, como la del sábado, hecha para “liberar” de la esclavitud del trabajo al menos un día a la semana, para que el pueblo descanse y pueda dedicarse a la escucha y meditación de la palabra de Dios y a compartir con los hermanos su fe y sus esperanzas, la habían convertido en una carga esclavizadora. Jesús critica esa interpretación tan estricta y defiende a los discípulos, recordándoles algunos casos en los que, por necesidad, se quebrantó la ley, como cuando David y sus hombres comieron de los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer

2. ¡Qué diferente comportamiento el de Jesús! Él no desprecia el sábado, lo guarda; pero, cuando se encuentra con el necesitado, no duda en librar de la enfermedad y de los malos espíritus a los que están esclavizados por ellos. Y es que para Jesús, como para Dios, el bien del hombre es lo más importante… La tentación del legalismo acecha también a muchos cristianos: “¿Está mandado? Pues hay que cumplirlo.” Sin mirar más circunstancias. ¡Cuántas veces pensando así, condenamos al hermano que quebranta una norma, sin pararnos a pensar en los motivos que puede tener para hacerlo! Así soy, Señor: muy celoso de que se cumpla la norma, aunque, con ello, haga trizas muchas veces la caridad y la compasión. Señor, para ti la misericordia y la compresión están antes que la ley; que lo estén también para mí.

3. Jesús vino a establecer un reino de amor. No es la ley la que salva, sino el amor que pongamos en lo que hacemos. Ojalá lo tengamos siempre presente y que éste sea el criterio que guíe nuestra vida. Cumplir las normas, sí; pero amando, teniendo en cuenta las necesidades de los demás, puesto que a Dios le importa más la misericordia que el cumplimiento de la ley. Señor, líbranos del legalismos frío y del ritualismo vacío. Un domingo, por ejemplo, con sus rezos, su misa, sus lecturas espirituales, etc., vivido sin amor, en el egoísmo o en el rencor, ¿será un domingo cristiano?, ¿será “día del Señor”? Señor, danos un corazón nuevo, un corazón semejante al tuyo, lleno de comprensión y amor . Y que el domingo sea para nosotros día de culto y día de caridad, día de entrega a Dios y de entrega a los hermanos.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

06/09/2008


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