Miércoles de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 20ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos." ( Mateo 20:1-16).

1. Para los fariseos Dios era como un patrono que pagaba con su predilección a los que cumplidores de la ley. Los pecadores, como no cumplían, no eran amados por Dios. De ahí que fariseos y escribas se escandalizaran porque Jesús los acogía y era amigo suyo. Se decían: si éste fuera de verdad enviado de Dios, obraría como obra Dios y no amaría a los que Dios no ama. Con esta parábola –y otras- Jesús les responde que Dios no es como ellos piensan: Dios ama con amor gratuito. Su amor no es paga, sino regalo gracioso, don que nos hace. Y si Jesús trata a los pecadores con comprensión y amor, lo hace porque Dios obra así.

2. La idea mercantilista de los fariseos pervive en el corazón de muchos cristianos. Hay quienes siguen pensando que el cielo se lo ganan ellos a pulso. Más aún: piensan que Dios debe “pagarles” más a ellos, porque “han trabajado más”, es decir, han sido más buenos. Y, cuando algo les sale mal o sufren alguna desgracia, protestan y piden cuentas a Dios: “¿Por qué me pasa esto a mí y no, a otros que son peores que yo? ¡No es justo!” Estos son los jornaleros “protestones y envidiosos” de la parábola: el dueño de la viña les paga lo concertado: “ Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.” No comete ninguna injusticia, pues, con ellos. Entonces, ¿por qué protestan? Su orgullo y envidia no soportan que el dueño sea bueno y generoso y pague a los últimos lo mismo que a ellos; diríamos que no soportan que el hermano goce lo mismo que ellos gozan. ¡Qué pena, Señor! Trabajar en “tu viña”, en tu Reino, cumplir, sólo para ganar el “jornal” del cielo u otro premio. Con razón para los que piensan así la religión resulta carga pesada. Cumplen, pero no aman; no han saboreado el gozo y la alegría de saberse hijos amados Dios y ocuparse en los trabajos del Padre, al que aman. Señor, yo no quiero trabajar por la paga, sino porque eres mi Padre y me amas, y te amo.

3. Pero esto no puede ser pretexto para cruzarnos de brazos. Si nos sentimos amados por el Señor, ¿cómo no trabajar por su Reino? El cristiano no trabaja por un jornal, trabaja por amor: porque se siente amado y ama. ¿Quién puede merecer la vida eterna? Es el Señor quien nos la da gratuitamente. Por eso, no tenemos que desanimarnos ni siquiera cuando no logramos portarnos tan bien como deseamos; el Señor nos ama incluso en nuestros fracasos. El mira el amor con que hacemos las cosas, no los resultados. Gracias, Señor, porque eres bueno y me has invitado a trabajar en tu viña. Gracias, porque, incluso cuando mi trabajo no ha sido mucho ni muy fructífero, tú me amas. Que yo te ame también, Señor.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

20/08/2008


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