Domingo 19º del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquellos días, cuando Ellas llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va pasar!» Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hizo trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva . (Reyes 19,9a.11-13a). Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: "¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!" Pedro le contestó: "Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua." Él le dijo: "Ven." Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: "Señor, sálvame." En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: "¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?" En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: "Realmente eres Hijo de Dios." (Mateo 14:23-33) 1. El episodio de la vida de Elías que nos cuenta la liturgia de hoy (1ª lect.) es conocido y aleccionador. Elías, amenazado de muerte por la reina Jezabel, siente miedo y huye al monte Horeb, donde se refugia en una cueva. A la mañana se le anuncia: “ Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va pasar!» . Y se dispuso al encuentro con Dios. Pasó un violento huracán y allí no está Dios. Después vino un terremoto, y tampoco está Dios allí. Hubo después fuego, y Dios no estaba en el fuego. Finalmente se levantó una brisa suave y allí estaba Dios. Y es que Dios no siempre se manifiesta donde nosotros creemos o donde queremos. Dios siempre sorprende. Ni sus caminos ni su estilo de obrar son los nuestros. El fogoso Elías no ha de buscarlo en la agitación y las palabras duras, sino en la suavidad del susurro y de la paz. En el evangelio ¡cuántas veces vemos a Jesús que, después de largas horas dedicadas a la gente que le seguía, busca el silencio y el sosiego para encontrarse con Dios en la oración! Jesús tenía tiempo para todo: para atender a la gente que le busca, para predicar, para atender a los discípulos… y ¡para encontrarse con Dios en la soledad y el silencio! ¿Nosotros buscamos a Dios?; ¿dónde lo buscamos? ¿Dedicamos tiempo a encontrarnos con él en el silencio y el retiro de la oración? 2. Los milagros de los Evangelios son signos, es decir, acontecimientos con un significado. Ante ellos, hemos de preguntarnos qué nos quiere decir Dios, qué mensaje nos quiere entregar. El de hoy lo coloca san Mateo después de la multiplicación de los panes y peces. Los discípulos se han entusiasmado con el milagro. Tal vez han renacido en ellos las esperanzas de un Mesías terreno y poderoso. Y es entonces cuando Jesús se marcha y los deja solos. Les ha ordenado que se adentren en el mar, y en medio del mar se encuentran solos y con el viento en contra. Para la mentalidad de entonces el mar era el receptáculo de todas las fuerzas del mal, que sólo Dios podía dominar. Y a merced de esas fuerzas se encuentran los discípulos solos, sin Jesús. Temed perecer, pero aparece Jesús y todo se sosiega… Señor, ¡qué estupenda lección les diste y me das! Sin ti los tuyos, tu comunidad nada podemos. El mal puede con nosotros. Pero cuando tú apareces todo cambia. Contigo todo puede ser vencido… Señor, que nunca te abandone yo. Y tú estate siempre conmigo. Nunca me dejes solo. 3. ¿No nos sentimos a veces abandonados, a merced del viento contrario del mal? Problemas de la comunidad, de la Iglesia, de la familia, del trabajo, de la sociedad, etc. parece que van a poder con nosotros. Hoy aprendamos a mantener la confianza siempre enhiesta, porque nunca estamos solos, Jesús nos ve y viene a nosotros caminando sobre las aguas del mal, dominándolo, venciéndolo. Y nos dice: "¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!" Y, como a Pedro, nos invita: “Ven”. Ah, Señor, si a tu voz me echara, como Pedro, “a andar sobre el agua”, es decir, si confiando en ti y unido a ti luchara contra los problemas que tanto me asustan … Sólo el que desconfía de ti se “hunde” como ocurrió a Pedro. Yo, aun entonces, te gritaré: “Señor, sálvame.” Y sé que tú me tomarás de la mano y subirás a mi barca, y el viento amainará y se hará la calma… Sí, Señor, ven, sube a la barca de mi vida y quédate para siempre conmigo.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
10/08/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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