Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Hoy celebramos la fiesta Sta. Teresa Benedicta de la Cruz, mártir, Patrona de Europa. Se llamaba Edith Stein y era hija de padres judíos. Hizo estudios de filosofía, de la que fue profesora en la universidad, y publicó varias obras filosóficas. Se convirtió al catolicismo e ingresó en la Orden de las Carmelitas, tomando el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. De ella dijo Juan Pablo II en la homilía de su canonización: “Edith Stein, por ser judía, fue deportada junto con su hermana Rosa y muchos otros judíos de los Países Bajos al campo de concentración de Auschwitz, donde murió con ellos en la cámara de gas. Hoy los recordamos a todos con profundo respeto. Pocos días antes de su deportación, la religiosa, a quienes se ofrecían para salvarle la vida, les respondió: «¡No hagáis nada! ¿Por qué debería ser excluida? No es justo que me beneficie de mi bautismo. Si no puedo compartir el destino de mis hermanos y hermanas, mi vida, en cierto sentido, queda destruida».
1. En esta fiesta de la mártir Sta. Teresa Benedicta, el evangelio nos llama a la confianza: “No tengáis miedo.” Esta invitación aparece en el evangelio en bastantes ocasiones. En esta ocasión lo decía a los discípulos Jesús , cuando los envió a predicar su evangelio, diciéndoles que encontrarían dificultades y serían perseguidos, pero no debían dejar que el miedo se apoderase de ellos y los echase atrás: “ No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.” Porque los hombres sólo podrán acabar con su vida física, con el cuerpo, pero no, con el alma, que es lo importante... Desde entonces, ¡qué metidas han tenido–y tienen- estas palabras tantos cristianos, que han aceptado el martirio con valentía y gran confianza en el amor de Dios! Como Sta. Teresa Benedicta. Señor, que se metan también en nuestros corazones y las recordemos cuando a nosotros nos cueste vivir como discípulos tuyos y dar testimonio de ti.
2. “No, temed, al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”. Este debe ser nuestro único temor: apartarnos de Dios, nuestro Padre y Creador, y exponernos a perder cuerpo y alma, viéndonos privados del gozo y la alegría de vivir en el cielo con él. Esta advertencia de Jesús no pretende meternos miedo al castigo, sino que, como Maestro solícito y bueno, nos recuerda que tenemos peligro de apartarnos de su amor, que es nuestra mejor riqueza. Esto es lo único que hemos de temer: apartarnos del amor de Dios aquí, en este mundo, y vivir sin su amor en la otra vida. Señor, que no ocurra eso; que me acompañe siempre este “santo temor de Dios”, que es uno de los siete dones del Espíritu, y es temor amoroso a ofenderte y perder tu amor.
3. El evangelio de hoy en realidad es una amorosa invitación a confiar en el amor del Señor. El siempre está con nosotros y nos cuida y nos defiende. Si el Padre cuida de todos los seres que ha creado, aun de los más insignificantes, ¿cómo no va a cuidar de sus hijos, los hombres? “ ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos?... Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.” ¡Cuántos temores y cobardías experimentamos a veces ante las contrariedades para vivir como cristianos! En esos momentos escuchemos: “No tengáis miedo.”… Y que la certeza de ser amados del Padre que cuida de nosotros llene nuestros corazones de alegría y de confianza y seguridad, para ser fieles e intrépidos testigos del Señor. Así se cumplirá lo que dice Jesús: "Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre en el cielo". Señor, no es fácil ser cristiano hoy y defender y vivir los valores de tu evangelio. Danos tu gracia para que no claudiquemos ante la presión ambiental; que siempre nos pongamos de tu parte ante los hombres, y así tú te pondrás de nuestra parte ante el Padre. Y si tú nos defiendes, Jesús, ¿cómo no nos aceptará el Padre en la eterna y gozosa fiesta de su reino como a Santa Teresa Benedicta y a todos los que se ha puesto de tu parte?
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.