Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario (A)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mateo 14,13-21)

  1. Al enterarse de la muerte de Juan, Jesús se marchó en barca a un lugar apartado. Quería descansar o tal vez necesitaba un momento de soledad y paz, para vivir el dolor de la muerte del Precursor. Pero hubo gente que lo siguió por tierra; de modo que, cuando desembarcó, se encontró con un gran gentío. Buscan a Jesús. Se sienten insatisfechos, necesitados de alguien que les tienda la mano y los saque de su postración y levante su esperanza. Jesús ve a la gente y siente lástima de ellos; renuncia a su retiro y comienza a curar a los enfermos, y después saciará su hambre. Y es que Jesús siempre responde a las necesidades de los que le buscan. ¿No andamos nosotros también insatisfechos, necesitados de alguien que cubra nuestras insatisfacciones y llene nuestra vida de esperanza y de sentido? Creemos, a veces, haberlo conseguido en el tener más, en el triunfo, en un mejor posición social…; pero todo fue un espejismo. Sí, se ha ido algún problemas, se ha cubierto alguna aspiración, pero pronto llegan otros problemas y otras insatisfacciones. Y sigue la búsqueda. ¿Y si, como aquéllos, buscáramos con ansia a Jesús, que sí puede curarnos y saciarnos?
  1. Al meditar el evangelio de hoy, no podemos quedarnos en admirar el corazón bueno, sensible y generoso de Jesús, que siempre escucha la llamada de las personas necesitadas. Hemos de ir más allá y pasar a imitarlo. La multiplicación de los panes, nos remite a la Eucaristía, en la que rezamos el Padrenuestro y pedimos "el pan nuestro de cada día", es decir, el pan de la subsistencia, del que carecen tantos millones de hermanos nuestros en todo el mundo, y después somos invitados a comer el Pan Vivo que es el mismo Señor Resucitado, que se ha hecho nuestro alimento sobrenatural. Y este gesto de compartir el Pan del cielo es denuncia del egoísmo de nuestro mundo y, a la vez, llamada a compartir también nosotros el pan de la tierra. Cuando los discípulos –muy espabilados ellos- quieren quitarse de encima el problema del hambre de aquella multitud, piden a Jesús que despida a la gente para que se busquen comida; pero Jesús les dice: “Dadles vosotros de comer". Es decir, actuad vosotros, compartid vuestras provisiones con ellos. Y cuando sacaron de la bolsa los cinco panes y los dos peces que tenían, es cuando actuó Jesús e hizo el milagro. Y es que el Señor quiere que hagamos nosotros lo que podemos, después él hará lo que no podamos.
  1. Lo mismo nos dice a los cristianos de hoy ante el hambre de las multitudes de hoy. A veces nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer nosotros ante este problema que nos desborda? Y Jesús nos responde: “Dadle vosotros de comer.” Es decir, como los discípulos, compartid lo que tenéis. Los discípulos tenían poco, y compartieron “su poco”. También nosotros tenemos poco. Pero el Señor no pide más. Compartámoslo, el resto lo hará él… Hoy preguntémonos: ¿Qué necesidades tienen los que me rodean? ¿Qué me pide el Señor que haga por ellos, ¡porque puedo, si quiero!?... Señor, úsame en el servicio a los demás; enséñame a ver cada momento lo que puedo compartir con los necesitados. Aunque sea poco. Y quiero empezar por los que están cerca, y haciendo lo que puedo en cada momento: Hoy, Señor, hago esto que puedo y con estas personas. Mañana ya dirás tú.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

04/08/2008


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