Viernes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Un sábado de aquellos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron:- Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. Les replicó: - ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es Señor del sábado . ( Mateo 12,1-8)

1. Los fariseos –muy cumplidores de la ley ellos- se escandalizan, porque ven que los discípulos, hambrientos, siendo sábado, arrancan espigas para comerlas. Se lo dicen a Jesús para que los corrija, y Jesús lo que hace es defenderlos recordándoles algunos casos en los que, por necesidad, se quebrantó el sábado. Y les recomienda que piensen en el sentido de la frase de Oseas (9,13): “quiero misericordia y no sacrificio.” A Dios le interesa el corazón, es decir, la bondad y la misericordia. El sacrificio, el culto es agradable a Dios, pero no por encima del amor al prójimo y menos, contra el prójimo. Señor, ¡cuántas veces caigo en el legalismo vacío! Sólo me importa cumplir lo mandado. Si lo quebranto me remuerde la conciencia. Pero si no ayudo al hermano necesitado, tranquilizo mi conciencia pensando que, al fin y al cabo, eso “no me toca a mí”, o que “no voy a cargar yo con todo”, o no sé que otras excusas... Señor, que comprenda que, para ti, el cumplimiento sin misericordia de nada vale: a ti no te complace.

2. Los fariseos eran tan celosos de la ley, que iban por la vida condenando a los que no la cumplían. Y no sólo exigían el cumplimiento de lo mandado en la Biblia, sino también de una serie de preceptos e interpretaciones que ellos añadían. Como en este caso: lo prohibido en sábado era la recolección; pero ellos extendían la prohibición a arrancar unas espigas para comerlas. Podríamos decir de ellos que cumplían lo mandado y... un poco más; pero, mientras tanto, “fusilaban” la misericordia y el amor. ¿No es éste mi pecado también? Qué fácilmente juzgo y condeno a los demás cuando no cumplen, y no me doy cuenta de que, con ello, estoy haciendo pedazos la misericordia y la caridad. Señor, llena mi corazón de tu amor, para que sea menos legalista y menos “juez” y más compresivo y tolerante.

3. Jesús nos ha librado de la esclavitud de la ley y nos ha trasladado al reino de la libertad de los hijos de Dios, al reino del amor. No es que él despreciara la ley; Jesús la cumplía. Pero no era un cumplimiento vacío, él ha llenado de amor la ley y la ha hecho “nueva”. Es la lección que quiero aprender hoy, Señor: cumplir, pero amando; cumplir, pero por amor y con amor. Señor, líbrame del legalismo frío y del ritualismo vacío. Que tu Espíritu ponga en mi corazón el fuego del amor, para que el amor impregne todo lo que haga; sobre todo, mis relaciones con los demás.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

18/07/2008


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