Viernes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: "Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis; en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre: el que persevere hasta el final, se salvará .”( Mateo 10, 16-23).

  1. Ser discípulo de Cristo, nunca ha sido fácil. Hoy el mismo Señor anuncia que a sus seguidores les esperan persecuciones, azotes, juicios, incomprensión, cárcel. Pero anuncia también que los suyos no estarán solos: El Espíritu del Padre estará con ellos en los momentos de dificultad y sufrimiento. Los dos anuncios se han cumplido y seguirán cumpliéndose. Ahí está el testimonio de tantos cristianos que han sufrido y sufren persecución y martirio. Y el testimonio de cómo han muerto y mueren con una paz, una alegría y una confianza que sólo puede dar la certeza de saberse en manos del Padre que les ama. Y nosotros mismos ¿no lo hemos experimentado en algunos momentos de incomprensión, de conflicto, de dificultades? El Padre nunca nos deja solos.
  1. Tal vez nosotros no seamos perseguidos por nuestra fe con tan saña como lo han sido y lo son en muchos países otros hermanos nuestros; pero en nuestra sociedad no se lleva ser cristiano. Y bien sabemos que nunca los “profetas” han sido soportados: por su vida y sus denuncias han sido perseguidos y despreciados. Recordemos cómo trataron al mismo Jesús. Por eso, no nos extrañe, que si nos tomamos en serio nuestro ser cristianos, testigos del evangelio, encontremos contrariedades en nuestra sociedad. Las costumbres, criterios y comportamientos del seguidor de Jesús se pegan de puñetazos con los que rigen la vida de mucha gente de hoy, y esto les resulta “insoportable”. Por eso llega la incomprensión, las críticas, las zancadillas, el desprecio por no ser como los demás. Y esto, incluso en la misma familia: “Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Pero, Señor, tú nos lo advertiste y estás a nuestro lado. Nosotros somos débiles, pero tú eres fuerte y poderoso. En ti confiamos. Ayúdanos, que, apoyados en ti, seremos fieles a tu amor, aunque el ambiente sea hostil. .
  1. Gracias, Señor, porque nos elegiste para ser testigos de tu amor y de tu evangelio en esta sociedad tan materializada. A veces nos cuesta hacer frente a las dificultades y a las incomprensiones. Danos tu gracia, para que con la fuerza del Espíritu, te seamos fieles y demos testimonio de que te conocemos y amamos, viviendo los valores de tu evangelio, aunque nos odien, como dijiste tú: “Todos os odiarán por mi nombre.” Señor, que perseveremos en tu amor hasta el final, para que se cumpla en nosotros tu promesa:” el que persevere hasta el final, se salvará.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

11/07/2008


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