Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto." (Mateo 5: 43-48).

  1. Continúa Jesús contraponiendo la ley nueva a la ley antigua. Hoy lo hace hablando del amor al enemigo. Del amor al familiar, al amigo, al perteneciente al mismo clan o pueblo habían hablado otros. Pero del amor al enemigo a nadie se le había ocurrido hablar antes que lo hiciera Cristo. Para Jesús el amor ha de extenderse a todos los hombres; para el discípulo “prójimo” es cualquier persona, sea de aquí o sea de allá, se porte con él bien o se porte mal : “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen”. El amor a los enemigos será, pues, una de las señas de identidad más características del discípulo de Jesús... Señor, ¿no has llegado demasiado lejos en tus exigencias? ¿Quién puede llegar ahí si tú, Señor, no nos ayudas, si tú no cambias este corazón nuestro tan lleno del “te amo si me amas”, del “te trato como me tratas”, etc.? Amar al enemigo, Señor, sobrepasa nuestras fuerzas. Por eso, ayúdanos. Cambia nuestro corazón.
     
  2. Al de la familia, al amigo, al que se porta bien con uno, lo aman también los pecadores y los paganos, y los escribas y fariseos. “¿Si amáis a los os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? El amor del discípulo de Jesús debe ir más allá. Del que nos ama podemos esperar que nos corresponda; pero del enemigo ¿qué podemos esperar? Por eso, el amor al enemigo es un amor gratuito, desinteresado, que se da sin haber recibido nada y sin esperar recibir nada: es el verdadero amor, porque el amor o es gratuito o no es amor. Así es el amor de Dios, que ama, no porque uno sea bueno o se porte bien con él, sino porque él es bueno. De tal manera que “hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.” Y los discípulos de Jesús estamos llamados a amar así… Señor, a través del Espíritu Santo, pon ese amor en nuestros corazones, para que seamos capaces de amar y bendecir y rogar por todos, buenos y malos, amigos y enemigos, como haces tú.
     
  3. Jesús dice: “ si amáis a los os aman, ¿qué premio tendréis ? Cierto que l que está en el cielo o nuestro no ha de ser amar al enemigo por el premio, sino porque así se porta el Padre con nosotros . Sin embargo , al que ama al enemigo Dios le promete una recompensa no soñada: ser “hijos Dios”: “Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así se- réis hijos de vuestro Padre que está en el cielo.” Esa será la recompensa para los que amen como el Padre ama. ¿Puede haber recompensa más preciada? Ser hijos del Padre celestial, amados, queridos como hijos por él. Padre, haz que seamos dignos hijos tuyos amando a todos los que tú amas. Danos abundancia de gracia, que bien sabes, Señor, lo débiles que somos .

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

17/06/2008


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