Domingo 11º del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 11º del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: -«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: -«No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.» (Mateo 9, 36-10, 8).

1. Cuando Jesús comenzó a predicar el Reino por las aldeas y pueblos de Palestina encontró al pueblo desorientado, sin guías que lo orientaran. “Al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Los jefes religiosos andaban divididos en grupos, y sólo se interesaban en ver quiénes lograban mayor poder e influencia. Y los escribas y fariseos, por otra parte, habían convertido la religión en una religión de miedo: Iahvé era un Dios lejano y castigador, al que se temía pero no se amaba. Un Dios no amigo de los pobres y sencillos, que mal podían cumplir la ley, pues no alcanzaban a conocer la maraña de mandamientos y prohibiciones en que habían convertido la religión. Y a los que no cumplían la ley, a los pecadores, Dios no podía amarlo. De esta pobre gente, desorientada y acobardada, siente compasión Jesús, porque vagaban como ovejas sin pastor… Hoy, en nuestra sociedad, ¿no vemos a gente como aquella de los tiempos de Jesús: desorientada, buscando la verdad, sin saber dónde encontrarla; buscando la felicidad, sin atinar con el camino para lograrla; anhelando una justicia que llegue a todos, sin poder hacerla efectiva, y muchas otras inquietudes y ansias y necesidades que no saben cómo satisfacer? Y nosotros mismos ¿no andamos muchas veces desorientados también?

2. Jesús no se queda en la compasión. Parece como que sintiera el agobio y la urgencia por sacar al pueblo de aquella situación penosa. Y reconstruirlo y hacerlo nuevo. Pero el trabajo era mucho. Por eso convoca a nuevos trabajadores que le ayuden: “Entonces dijo a sus discípulos: -«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.” El viejo Pueblo fue levantado sobre los doce patriarcas. Ahora Jesús levantará su nuevo Pueblo, la Iglesia, sobre doce hombres elegidos por él. Son hombres sin relevancia social ninguna, gente del pueblo, sin especiales cualidades. Pescadores la mayoría. Y a ésos ha elegido y envía: “Y llamando a sus doce discípulos les dijo: id a las ovejas descarriadas de Israel y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.” Y ellos fueron y cumplieron el encargo que el Señor les hizo.

3. Hoy somos nosotros los elegidos y enviados a las personas desconcertadas de esta sociedad nuestra, para proclamar que el Reino de Dios está cerca, que Dios está a favor del hombre y que sus problemas tienen salida. “Pero –como dice J. J. Bartolomé- el mundo no se convencerá de que Dios lo ama, de que está interesado en él, si no encuentra en quienes lo sabemos una actitud solidaria y cercana, misericordia y perdón, comprensión y compromiso.” Es lo que hicieron los apóstoles. Y lo que espera de nosotros: aliviar el sufrimiento y los achaques de los enfermos y de todos los que sufren; levantar de la muerte de la desilusión y la desesperanza a los hundidos en ellas; limpiar de la lepra de la mentira y de la envidia y del afán de “tener” para “parecer”, y librar a los “poseídos” de los demonios del egoísmo, del rencor, del afán de de estar por encima de los demás, aunque haya que pisotearlos. Pero, Señor, ¿quién podrá anunciar convincentemente tu Reino de salvación y ponerlo en práctica, sin la fuerza del Espíritu? Nosotros somos sólo pobres trabajadores, a los que tú has llamado y de los que quieres servirte para que llegue tu mensaje de salvación a todos los hombres. Y nosotros, Señor, queremos dar gratis lo que tú nos has dado gratis. Que hoy, Señor, acojamos tu llamada y tu envío, y nos empeñemos en llevarlo a cabo. Porque hay tanta gente que lo necesita…

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

15/06/2008


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