La Santísima Trinidad (A)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será con-denado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. (Juan 3,16-18). 1. Esta fiesta de la Santísima Trinidad nos habla del Dios en el que creemos. Porque los cristianos no creemos simplemente en Dios, sino que creemos en un Dios que es fa-milia trinitaria, comunidad de Amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un Dios Padre que nos ama. Y que nos ha amado tanto que, como dice el evangelio de hoy, nos ha dado a su Hijo único: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.”. Y el Hijo, en su amor, no sólo ha dado su vida por nosotros, sino que, a la hora de irse de este mundo ruega al Padre para que nos envíe el Espíritu Santo, que nos re-crea y nos hace criaturas nuevas, comunicándonos la propia vida de Dios y haciéndonos hijos, de modo que nos hace clamar “Abba”, es decir, “Padre”. Gracias, Señor Jesús, por habernos dado a conocer que nuestro Dios no es un Dios frío y solitario, sino un Dios-familia, un Dios con calor de hogar.
2. El Génesis nos dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Y si Dios es familia, comunidad de amor, lo nuestro como cristianos es vivir como familia. Cons-truir y vivir la familia de los hijos de Dios y vivir el amor filial al Padre y el amor fraternal a los hombres. De modo que podríamos decir, que mostramos cómo es el Dios en el que creemos, cuando vivimos el amor, la solidaridad, la fraternidad, la en-trega, la unidad. ¿Nuestra vida lo muestra? San Agustín decía: “Creer en la Trinidad es vivir la caridad.” Sólo “contagiados” de la enfermedad del amor, de la amistad, de la fraternidad universal, del respeto al otro, de la entrega, de la comprensión, del perdón, del servicio…, y no viviendo, por tanto, para nosotros mismos, sino gastán-donos por los demás, mostraremos cómo es nuestro Dios, seremos para el mundo “rostro” del Dios en el que creemos. Señor Jesús, tú, que moriste de esa maravillosa enfermedad, contágianosla a nosotros. 3. Señor, somos débiles, vivir nuestra vocación de creyentes en el Dios trinitario, so-brepasa nuestras fuerzas. Danos el Espíritu, que es Amor y que es Fuerza. Con su fuerza sí podremos cargar con nuestra vocación de testigos de la Trinidad. Con la li-turgia de hoy oremos: Cantad y alabad al Señor, / él nos ha dicho su nombre: Padre y Señor para el hombre. /Vida, esperanza y amor. Cantad y alabad al Señor, / Hijo del Padre, hecho hombre: Cristo Señor es su nombre. / Vida, esperanza y amor. Cantad y alabad al Señor, /divino don para el hombre: Santo Espíritu es su nombre. / Vida, esperanza y amor. Cantad y alabad al Señor, / él es fiel y nos llama, él nos espera y nos ama. / Vida, esperanza y amor. Amén. (Himno de la liturgia de hoy. Breviario Hispano-americano.)
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
18/05/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|