Sábado de la 7ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: - Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: - Éste es mi Hijo amado; escuchadlo. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: - No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». Le preguntaron: - ¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías? Les contestó él: - Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido, y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito . ( Marcos 9,2-13). 1. Los discípulos habían seguido a Jesús con entusiasmo. Y el entusiasmo ha ido creciendo con sus enseñanzas y con los signos que le han visto hacer . Pero ahora las cosas empiezan a complicarse: les ha hablado de que tiene que morir. Y esto les hace, de alguna manera, entrar en crisis. Ya vimos cómo Pedro se rebeló y se negaba aceptar ese camino de humillación. Es entonces cuando Jesús sube al monte -con Pedro, Santiago y Juan, los tres más rebeldes-, para orar. Allí , junto al Maestro, viven la experiencia de la transfiguración y escuchan la voz del Padre: “ Este es mi Hijo amado; escuchadlo”. Con ello, Señor, les concedes pregustar –en anticipo- tu triunfo y glorificación, para levantarles el ánimo y comprendan que han de seguir escuchándote, que vale la pena seguirte, aunque tengas que pasar por el desprecio y la muerte. Porque al final de de ese camino de humillación está la glorificación. 2. También nosotros hemos seguido a Jesús. Y a veces experimentamos también el desánimo y nos resulta muy difícil seguirle. Por eso necesitamos retirarnos a la “montaña para orar”, para tener momentos de intimidad con el Señor, para agarrarnos a él y empaparnos de su amor y escuchar en nuestro corazón la invitación del Padre: Escuchadle. Sí, Señor, necesitamos seguir escuchándote para comprender q ue merece la pena seguir tu camino, vivir tu evangelio, amando a Dios y a los hombres, aunque nos cueste renuncias y sacrificios. Porque, Señor, sabemos que ese camino no acabará en el fracaso de la cruz, sino en una vida transfigurada. 3. Hoy tenemos que preguntamos si buscamos esos encuentros con el Señor. Ojalá comprendamos que muchos cansancios nuestros desaparecerían si fuésemos fieles a ese rato de oración de cada día, en el que podemos experimentar la presencia cálida de un Dios que nos habla al corazón y aviva nuestra fe. Una experiencia de fe que nos va transformando poco a poco y va cambiando nuestra visión de las cosas y nos hace vivir la vida de manera diferente… Señor, ten misericordia de mí, hazme persona de oración.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
17/05/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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