Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Ante este breve pasaje del evangelio, una primera reflexión: ¡qué solo e incomprendido debió sentirte Jesús en muchos momentos! Los escribas y fariseos rechazaban su mensaje y su obra, y hasta lo acusarán de endemoniado. Los mismos discípulos no lo entienden del todo. Esto le entristecería, sin duda. Pero nada le desanimará: él seguirá adelante con su misión de anunciar y realizar el Reino, con su siembra de amor y esperanza, levantando los ánimos de los desanimados y abatidos. Y cómo acude la gente a él: “se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer”.... Señor, a nosotros, los cristianos, nos toca continuar tu obra, como meditábamos ayer. Pero ¿nos buscan los abatidos y desesperanzados, los desconcertados y sin metas, los pobres, los pecadores, porque saben que pueden confiar en nosotros, que en nosotros van a encontrar comprensión y ayuda?; ¿cómo los acogemos?; ¿se marchan reconfortados, con la esperanza recobrada, porque les hemos escuchado con cariño y hemos hecho lo posible para ayudarles? Señor, ábrenos el corazón, para que nadie que venga a nosotros, se sienta defraudado.
2. Otra reflexión: A Jesús nada de lo que opinaban unos y otros de él le impedía seguir con su misión. Pero sus parientes no podían soportar las habladurías de la gente, y que fuera oponiéndose a la religión establecida y predicara cosas que escandalizaban a los mismos dirigentes religiosos, y que anduviera siempre rodeado de enfermos y pecadores e indeseables. Por eso “vinieron a llevárselo a casa, porque decían que no estaba en sus cabales”. Amarga suerte la de Jesús: ni sus familiares le comprendían Porque no se comporta como ellos esperaban, lo toman por loco... Y nosotros nos quejamos y desanimamos ante cualquier crítica por ser cristianos, o porque nos dicen que vivimos “fuera del tiempo” por no seguir la moral laxa y relativista de la mayo-ría... Señor, que no espere yo más comprensión que tú, si vivo como discípulo tuyo. Que en los momentos de desánimo, me acuerde de ti, de quien dijeron que estabas loco porque eras fiel a tu misión. Lléname de tu amor, Señor, y que tu amor me empuje a continuar en la brecha.
3. María, Madre de Jesús y Madre mía. Tú no te escandalizabas ni te avergonzabas de tu Hijo. Tú te sentirías muy orgullosa de él y de su obra. No comprendías muchas cosas; pero te habías fiado de Dios, cuando aceptaste ser su Madre, y seguías fiándote. Por eso guardabas todas esas cosas en el corazón, en espera de que la luz llegara y lo iluminara todo. Y ¡claro que la luz llegó! Y ¡qué luz, Madre: la Resurrección del que despreciaron hasta matarlo en la cruz! Ruega por mí, para que yo, poseído, como Jesús, de la locura del amor al Padre y a los hombres, cumpla mi misión de cristiano, aunque no sea comprendido ni por los míos.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.