Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia". Éstas son las primeras palabras de Jesús en el Evangelio de Marcos. Son un anuncio y una llamada. Un anuncio: se ha cumplido el tiempo de la espera, ha llegado el tiempo de Dios, el reino de Dios ya está ahí. Comienza un tiempo nuevo: la soberanía de Dios se hace presente, las promesas de salvación anunciadas por los profetas comienzan a cumplirse... Y una llamada: si Dios ofrece, espera también una respuesta: ¡hay que convertirse, creer y acoger a Cristo, que es la Buena Noticia de Dios para nosotros! Y responder con amor a su amor. Hoy, Señor, quiero escuchar este anuncio con gozo y alegría: Tú nos amas, y tu Reino está entre nosotros, presente en la persona de Jesús. Quiero escuchar tu llamada a la conversión, a dejarte entrar en mi vida.
2. Después, junto al lago, el Señor ve a Simón y Andrés, que estaban pescando, y los llama: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Ellos le siguieron inmediatamente. Después es a Santiago y a Juan a quienes llama, que también le siguen. La conversión se realiza en el seguimiento de Jesús... Cuántas veces nos ha llamado el Señor también a nosotros! A veces nos hemos ido con él incluso con entusiasmo. Pero ¿cuánto ha durado ese entusiasmo? ¿No nos hemos cansado pronto? Y entonces hemos vuelto a “pescar en el lago”, es decir, a buscar de nuevo llenar nuestro corazón de lo material, de lo del mundo, de tantas satisfacciones pasajeras que nunca terminan de llenarnos. Hoy, Señor, me llamas una vez más y me dices que te siga. Quiero responderte que sí con la generosidad de Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Quiero ponerme en camino tras de ti, sin miedo a dejar mi “barca” y mis “redes.”
3. Señor, por experiencia, sé que la única manera de ser perseverante en tu seguimiento es mantenerme atento a la escucha de tus llamadas. Sobre todo, cuando me quedo atrás o me desanimo o descarrío. Concédeme que cada día busque un tiempo para ponerme a la escucha, y que cada día busque encontrarme contigo en la meditación sosegada de tu palabra y en la oración. María, Madre, acompáñame y tú, que eres maestra de la escucha a Dios y de la obediencia, enséñame a escuchar y a obedecer.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.