Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. En esta fiesta de los Santos Arcángeles, el evangelio nos presenta el diálogo entre Jesús y Natanael. Jesús ve que Natanael se acerca, y lo alaba: “He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez.” Si el Señor nos viera llegar, ¿qué diría de nosotros? Es bueno pensarlo, porque podemos andar por la vida engañados y engañando a los demás: mostrando un exterior tan maravilloso que la gente habla de lo “buena persona” que somos, cuando en nuestro corazón hay muchas veces demasiada mentira y falsedad. Pero a ti, Señor, no puedo engañarte. Por eso te pido que me hagas ver qué hay en mi corazón que tú no apruebas ni alabas. Yo, Señor, desearía poder mostrarte siempre un corazón sin engaños, conforme a las palabras del poeta Sufí, Rumi: "En la Presencia de su Gloria, observa tu corazón de cerca, de modo que tus pensamientos no te avergüencen: porque él ve nuestras culpas, opiniones y deseos tan claros como un cabello en un vaso de leche pura."
2. La conversación de Jesús con Natanael termina con una promesa: -“En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar en torno al Hijo del Hombre.” Esta promesa nos la recuerda hoy la liturgia en la celebración de la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Los Ángeles son los mensajeros de Dios, siempre dispuestos a cumplir sus deseos. Benedicto XVI dice que los ángeles “llevan a Dios a los hombres, abren el cielo y así abren la tierra. Precisamente porque están en la presencia de Dios, pueden estar también muy cerca del hombre. En efecto, Dios es más íntimo a cada uno de nosotros de lo que somos nosotros mismos. Los ángeles hablan al hombre de lo que constituye su verdadero ser, de lo que en su vida con mucha frecuencia está encubierto y sepultado. Lo invitan a volver a entrar en sí mismo, tocándolo de parte de Dios.” Y concluye: “En este sentido, también nosotros, los seres humanos, deberíamos convertirnos continuamente en ángeles los unos para los otros, ángeles que nos apartan de los caminos equivocados y nos orientan siempre de nuevo hacia Dios.” En un canto de los negros norteamericanos se canta: “Día y noche van tus ángeles, Señor, conmigo.” Sí, Señor, que día y noche vengan tus ángeles conmigo. Que ellos me defiendan y me guíen por el camino recto.
3. Precisamente, en el evangelio de hoy vemos que Natanael viene a Jesús guiado por Felipe. Felipe había sido llamado por Jesús antes; había gustado ya la amistad del Señor. Pero no se ha guardado para él la alegría de esa amistad, sino que ha querido que la compartiera su amigo Natanael. ¿Sentimos nosotros necesidad de comunicar a los demás el gozo de nuestra amistad con Jesús?, como hizo Felipe ¿los llevamos a él? Si no es así, ¡es que nuestro encentro con Jesús ha sido muy pobre y nuestro amor al Señor es mezquino. San Pío X decía: «sin una vida interior sólida, sin una auténtica unión con Jesucristo, sin piedad verdadera, no se puede ser apóstol». Por eso, Señor, quiero cada día profundizar más y más en tu amor. Muéstranos tu rostro, Señor, concédenos saborear el gozo de tu amistad. Y que guiemos a nuestros hermanos en su búsqueda de Dios, que seamos para ellos verdaderos “ángeles”, es decir, “mensajeros de Dios” (que eso significa “ángel”) para revelar a los hombres el amor que Dios nos tiene a cada uno de nosotros. Hasta que un día, Señor, podamos verte cara a cara y adorarte eternamente en el cielo, junto con los ángeles y los santos.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.