Sábado de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sábado de la 25ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: "Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres." Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto. (Lucas 9:43-45).

1. Jesús acababa de curar a un epiléptico. La gente estaba asombrada de lo que enseñaba y hacia. Y en ese momento de euforia popular y admiración Jesús les anuncia por segunda vez su Pasión y Muerte: "Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres." A él, al que han visto dominar las fuerzas del mal: enfermedad, malos espíritus, etc., les dice que lo van a dominar sus enemigos, y van a hacer con él lo que quieran. Como si de repente perdiera todo el poder y el favor de Dios, y no fuera capaz de defenderse de sus acusadores. Con razón dice el evangelista que “ellos no entendían este lenguaje.” Y es que los discípulos contagiados de la mentalidad de las autoridades religiosas –como dijimos en meditaciones anteriores-, soñaban con un Mesías político, triunfador y glorioso, que traería ventajas materiales para sus seguidores, por eso se resisten a entender y aceptar un mesías paciente que ha de pasar por la pasión y muerte para llegar a la gloria.

2. “Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. No entendían  -dice el evangelista-, ¿o entendían demasiado, y en su interior se rebelaban contra ese destino sufriente del Mesías, y por eso no se atrevían a preguntar a Jesús?  También a nosotros nos cuesta entender el misterio de la cruz; como nos cuesta entender el dolor, la enfermedad, la muerte y tantas situaciones oscuras de la vida. Los discípulos sólo lo entendieron a la luz de la resurrección. En la mañana de la Pascua, los ángeles dirán a las mujeres que han encontrado el sepulcro vacío: “Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitará.” Y el evangelista comenta que entonces recordaron esas palabras de Jesús y, llenas de alegría, corrieron a comunicarlo a los demás. Alois Stöger dice que “la humillación de Jesús sólo se comprende por su glorificación. El gusto del sufrimiento sólo se halla cuando se ha gustado la glorificación”.

3. Señor, que nosotros “nos metamos esto en la cabeza”: que fue necesario que tú pasaras por el túnel de la humillación y la muerte en cruz para llegar a la resurrección. Y que no hay otro camino para los que queremos seguirte. Que lo recordemos, cuando nos resulte demasiado duro caminar por los caminos del evangelio, amando y sirviendo y entregándonos a los hermanos, especialmente, a los más débiles y menos apreciados de nuestra sociedad, o suframos la incomprensión y hasta el desprecio por ser cristianos e intentar vivir y defender los valores de tu evangelio; y también, cuando nos resulte absurdo no responder a la injuria con la injuria, sino con el amor y el perdón Que entonces te miremos a ti, Señor,  y recordemos que ni la humillación ni el desprecio ni la muerte son el final:  el final es la Victoria, la Vida.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

24/09/2011


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