Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Hoy, fiesta del Apóstol San Bartolomé, el evangelio nos recuerda la llamada de dos de los apóstoles del Señor: Felipe y Bartolomé (o Natanael, como lo llama el evangelio). A Felipe lo llama directamente Jesús: «Sígueme». Pero para llamar a Bartolomé contó con la ayuda de un amigo suyo, de Felipe, quien se encuentra con su amigo Natanael y le dice con alegría: “Hemos encontrado a aquél de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas: Jesús de Nazaret”. Natanael, escéptico, responde: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Pues, según la doctrina oficial, el Mesías vendría de Belén de Judá, y no de Nazaret de Galilea. Cuántas veces, Señor, llevado por los prejuicios, rechazo a las personas, o no me fío de ellas, por su raza, su origen o familia. Lo mismo que Natanael, que, por no aceptar que el Mesías podía venir de Nazaret, casi pierde la oportunidad de encontrase con él. Menos mal que su amigo Felipe no se desanimó sino que lo invitó a ir a comprobarlo: "Ven y verás.”Y es que, Señor, a las personas no las convenceremos imponiéndoles nuestros creencias, sino mediante el testimonio de nuestra vida y llevándolos a ti.
2. Felipe había escuchado la llamada de Jesús y le había seguido. Esto ha llenado su corazón de gozo, tanto que siente la necesidad de comunicar a su amigo Natanael esa alegría. Señor, concédeme la alegría del encuentro contigo y que sienta la necesidad de comunicar mi alegría de mi encuentro a los demás. Sólo si mi apostolado nace de la experiencia del encuentro contigo será fructífero. Pues, como decía San Pío X, “sin una vida interior sólida, sin una auténtica unión con Jesucristo, sin piedad verdadera, no se puede ser apóstol”.
3. A pesar de la incredulidad de Natanael, Felipe lo llevó a Jesús. Y, cuando Jesús lo vio llegar dijo: “He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez”. Sorprendido, Bartolomé pregunta de qué lo conoce, y Jesús, le dice: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas en la higuera, yo te vi”. Y fue entonces cuando Natanael dio el salto de la duda (¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?) a la confesión de fe: «Tú eres el Hijo de Dios.» Y es que el que al principio se negó a aceptar a un Mesías venido de Nazaret, ahora comprende que el proyecto de Dios no siempre es como lo imaginamos nosotros. Aún así, Natanael tendrá que recorrer un largo camino de maduración en la fe, junto a los demás Apóstoles. Será en el trato contigo, Señor, cómo irán madurando en la fe, hasta llegar, con la experiencia pascual, a conocerte de verdad y confesarte con Tomás: "Señor mío y Dios mío". Yo, Señor, conozco tu vida y conozco el evangelio, pero me pregunto: ¿Te conozco a ti de verdad? Concédeme, Señor, que, como Natanael y los demás, mediante el trato cotidiano contigo en la oración y en la escucha de tu Palabra, vaya madurando mi fe hasta que brote de mi corazón la misma sincera confesión de Natanael: " Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.".
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.