Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Los judíos concebían a Dios como un patrono que pagaba con su predilección a los cumplidores de la ley. Los pobres, marginados y pecadores, como no cumplían -ni siquiera conocían la ley-, no eran amados por Dios. Por eso se escandalizan porque Jesús los acoge y era amigo de ellos. Con esta parábola –y otras- Jesús les responde que Dios no es como ellos piensan: Dios ama con amor gratuito. Su amor no es paga, sino regalo que nos hace. Y si Jesús trata a los pecadores con comprensión y amor, es porque así obra Dios con ellos.
2. La parábola habla de un agricultor que contrata a unos jornaleros para que trabajen en su viña. A primera hora se ajustó con unos en un denario por jornada. Después, en horas distintas, contrata a otros jornaleros. Pero resultó que, a la hora de cobrar, el dueño de la viña pagó a todos lo mismo: un denario, que era lo ajustado con los contratados a primera hora. A éstos no les parece justo que los que han trabajado menos reciban lo mismo que ellos, y protestan: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Notemos que los que protestan han recibido un denario, que era el jornal prometido. No se comete, pues, ninguna injusticia con ellos. Pero su orgullo y envidia no soportan que el dueño sea bueno y generoso y pague a los demás lo mismo que a ellos. Es lo que reprocha el señor a uno de los protestones: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete... ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Aquí está el sentido de la parábola: Los judíos, por ser los primeros llamados por Dios, creían merecer de Dios mejor trato que los pecadores y paganos, y, sin embargo, veían que Jesús los trataba igual que a ellos o mejor. Y no lo pueden tolerar... ¿Cómo reacciono cuando a otros, que creo con menos méritos, los tratan igual o mejor que a mí? ¿Me alegro de que el hermano sea bien tratado y triunfe, o la envidia y el orgullo se rebelan en mí?
3. La idea mercantilista de los judíos pervive en el corazón de muchos cristianos. Hay quienes siguen pensando que el Reino y el amor de Dios se los ganan ellos a pulso. Y que, porque “son mejores que los demás”, Dios debe “tratarlos mejor” a ellos. Por eso, cuando algo les sale mal o sufren alguna desgracia, protestan y piden cuentas a Dios: “¿Por qué me pasa esto a mí y no, a otros que son peores que yo? ¡No es justo!” ¡Qué pena, Señor!, trabajar en “tu viña”, en tu Reino, sólo para ganar el “jornal” del premio. Con razón para los que así piensan la religión se les hace carga pesada. Cumplen, pero no aman; no saborean el gozo de saberse amados por Dios y de ocuparse en los trabajos del Padre al que aman. Señor, yo no quiero trabajar por la paga, sino porque es maravilloso trabajar para ti, ocuparme de tu Reino. Gracias, Señor, porque eres bueno y me has invitado a trabajar en tu viña. Gracias, porque, hasta cuando mi trabajo no ha sido mucho ni muy fructífero, tú me amas. Que yo te ame también, Señor.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.