Domingo 16 del Tiempo Ordinario (A)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 16 del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento. (Sabiduría 12, 13. 16-19)

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'» (Mateo 13, 24-36).

1. Hoy la palabra de Dios –en el libro de la Sabiduría (1ª lectura)-  nos dice que los que pertenecemos a su pueblo debemos parecernos a Dios que es tremendamente humano, comprensivo, abierto al perdón, que  sabe escuchar, que tiene paciencia y espera que el pecador cambie: “Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia…  Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.”  Así obra Dios. ¿Y nosotros?  ¡Qué estupendo que entendiéramos nuestro ser cristianos como un ser humanos como lo es Dios, como un tener “entrañas” y  ser compresivos, pacientes, que valoramos más lo bueno que tienen los otros que lo malo…! Señor, que nos parezcamos a ti, que juzguemos con moderación y gobernemos con indulgencia…

2. En la parábola del trigo y la cizaña Jesús compara el Reino de Dios a un campo en el que se siembra buen trigo, pero, sorprendentemente, aparece también cizaña, planta dañina que crece en los sembrados. Los criados, impacientes, quieren arrancarla enseguida, pues piensan que en el trigal sólo debe haber trigo. El dueño del campo, sin embargo, les pide que esperen hasta que llegue el tiempo de la siega; entonces será el momento de separar lo bueno de lo malo. Si no, hay peligro de que, al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. La lección de Jesús a su comunidad es clara: Nada de arrebatos puritanos en los suyos: en su comunidad –lo mismo que en el mundo- debe haber trigo y cizaña, buenos y malos. No porque ambos sean igualmente buenos, sino porque ¿quién tiene el criterio seguro para juzgar qué es "cizaña" y qué "trigo"?  Equivocarse no es difícil. Ahí está la historia que lo corrobora. Muchas veces en un momento se juzgó cizaña lo que después resultó ser trigo de la mejor calidad. Por ejemplo, Sta. Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz… En un primer momento, hubo quienes pensaron que lo que enseñaban y la reforma del Carmelo que pretendían no eran obra de Dios, y no sólo se les opusieron,  sino que a santa Teresa la acusaron ante la Inquisición y a S. Juan lo encarcelaron. Y con el mismo Jesús, ¿no ocurrió lo mismo? Lo condenaron por ser “cizaña”,  y ¿ha habido mejor trigo?  Y nosotros, ¿no hemos marcado muchas veces como cizaña a personas que después han resultado ser trigo muy limpio?

3. ¡Qué intolerantes somos a veces, cuando vemos el mal en las personas o en la comunidad! Recurrimos pronto a la condena y a la expulsión. Y es que olvidamos que el Reino de Dios, como lo presenta la parábola de hoy, es como una comunidad donde hay justos y pecaderos. O mejor, una comunidad de personas que a la vez son justas y pecadoras, buenas y malas, unas veces trigo y otras cizaña. Porque no todo lo que hay en nosotros es bueno, pero tampoco es todo malo. Ni siempre somos igual. Y lo mismo digamos de los demás. Hoy el Señor nos llama a la esperanza cuando descubramos lo malo que hay en nosotros; porque el Señor –que es bueno y clemente, y rico en misericordia- es capaz de perdonarnos y cambiarnos. Y, del mismo modo, nos llama a la paciencia y comprensión con los demás. Sólo Dios es capaz de juzgar rectamente sin equivocarse. Un día lo hará. Nosotros no hemos de tener prisa; sólo Dios marca la hora final. El tiempo histórico es tiempo de maduración.  ¡Cuántos grandes pecadores –cizaña y de la peor- con la gracia de Dios han llegado a convertirse en trigo, y del mejor! Recordemos a san Agustín, por ejemplo… Señor, enséñanos a convivir con el mal en el mundo y en la comunidad, sin sumirnos en el pesimismo y la desesperanza, pero sin que ello suponga tampoco aprobarlo; que nos aceptemos a nosotros mismos y a los demás como pescadores, como trigo que intenta madurar, y que vivamos la lentitud del Reino con paciencia esperanzada.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

17/07/2011


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