Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Los discípulos del Bautista, imitando a los fariseos y a otra gente piadosa, llevaban una vida austera. No sólo ayunaban los días prescritos, sino que añadían otros ayunos voluntarios. Y pensaban que toda persona piadosa debía hacer lo mismo. Por eso, les sorprende que los discípulos de Jesús, que predicaba la conversión y el cambio de vida, no lleven esa misma vida austera, y se lo reprochan a Jesús: "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?” Señor, a muchos cristianos nos pasa lo que a los discípulos del Bautista: pensamos que nuestro modo de ser cristiano es “el bueno”, el que “debe ser”. Y si otros lo viven de otra manera, nos escandalizamos y hasta los criticamos. No pensamos, Señor, que a Dios se puede ir por caminos muy distintos. El monje camina hacia ti por un camino que no impones, por ejemplo, al padre de familia. Por eso te pido, Señor, que nunca me crea poseedor exclusivo de la ortodoxia. Que te busque por mi camino, pero respetando que otros te busquen por caminos distintos.
2. Jesús responde que sus discípulos no tienen por qué ayunar. El ayuno era manifestación de tristeza porque la venida del Mesías se demoraba. Pero ahora las cosas han cambiado: Jesús es el Mesías y ya está con ellos. El tiempo de la espera terminó, y también, el tiempo del luto. Con Jesús ha entrado la salvación en el mundo; ahora el novio –que es el propio Jesús- está presente; no es momento de ayunos, sino de estar todos, contentos y felices, participando en la fiesta de la boda: "¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos?” Los discípulos del Bautista deberían saberlo, puesto que su maestro lo había dicho: “Yo no soy el Mesías…, soy el amigo del novio…, pero no se han enterado. Señor, a veces nosotros parece que tampoco nos hemos enterado, y vivimos una religión tristona y de temor. ¡Cuando el cristianismo es la religión de la fiesta y de la alegría, porque nos sabemos salvados y amados por el Padre! Señor, en este mundo triste -o de la alegría superficial-, haznos testigos de la alegría profunda que nace del amor y de la amistad contigo, que eres la fuente de toda alegría. Y que nada nos robe esta alegría.
3. “Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque la pieza nueva tira del manto y la rotura se haría mayor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.” Con estas palabras Jesús viene a señalar lo distinta que es la religión nueva de la antigua. El no ha venido a renovar la religión del Antiguo Testamento, como pretendían los discípulos de Juan y los fariseos; ha venido a hacerlo todo nuevo. Con Jesús se inicia la alianza nueva, en la que no cuenta tanto el guardar las tradiciones y cumplir la Ley, cuanto el cambio interior, la renovación profunda de las personas por el Espíritu Santo, que nos hace vivir el amor, la misericordia, el perdón y la entrega. Señor, a veces los cristianos parece que seguimos anclados en sólo cumplir las normas. Así, por ejemplo, para muchos la eucaristía se queda en cumplir un rito o una norma (oír misa), sin que llegue a ser para ellos la celebración gozosa y festiva del amor del Señor, que se nos da en la Palabra y en el Pan Eucarístico, como vínculo de unión fraterna… Señor, danos un corazón y un espíritu nuevo. Que todo lo llenemos de amor a ti y amor a los demás.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.