Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. El evangelio de hoy hemos de situarlo en los últimos días de vida de Jesús, cuando las relaciones con los dirigentes judíos son cada vez más tensas. La parábola que propone Jesús viene a resumir la historia de Israel: Dios escogió y cuidó a Israel, la viña del Señor. Pero cuando, por medio de sus enviados, los Profetas, quiso recoger los frutos de su alianza con su Pueblo, éstos fueron maltratados. Por último, Dios -el dueño de la viña- envió a su heredero, pero «agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.» El heredero eres tú, Señor Jesús, el Hijo amado del Padre. Y lo que hicieron con los profetas es lo que traman hacer contigo los dirigentes judíos, que eran los encargados de cuidar del pueblo, “la viña del Señor.”
2. La parábola va directamente dirigida a los sacerdotes, escribas y ancianos. Pero también habla de nosotros. También nosotros estamos en esta parábola. ¡Cuántos cuidados ha tenido el Señor de la viña de nuestra vida cristiana! La ha alimentado con su Palabra y con el Pan de la Eucaristía, la ha ido limpiando de los hierbajos perniciosos de las pasiones, y la ha descantado de tanto pecado con su perdón..., ¿y cómo hemos respondido nosotros?; ¿nuestra vida está dando los frutos que el Señor espera? Desgraciadamente, Señor, no siempre encuentras en mi vida los frutos del bien -la caridad y la justicia que esperas encontrar-, sino más bien los frutos del mal: el desamor, el egoísmo, el olvido y desprecio del pobre y marginado, que son tan amargos para ti. Señor, ten misericordia de mí. A pesar de todo, continúa esperando en esta viña tuya.
3. Jesús, ante el injusto e ingrato proceder de los arrendatarios de la parábola, pregunta: ¿Que hará el dueño de la viña? Acabará con los ladrones y arrendará la viña a otros”... Los judíos eran esos arrendatarios, ellos eran los primeros destinatarios de la salvación, pero al no responder a las llamadas de Jesús, el Enviado del Padre, y rechazar su oferta de salvación, la salvación será ofrecida a otros, que respondan mejor, a los paganos. Los que escuchaban se sintieron aludidos y comprendieron que la cosa iba con ellos. Jesús les reprocha su modo de manipular la religión, utilizándola para su provecho y para eliminar al hijo. Pero no se convirtieron, sino que creció su inquina contra Jesús e intentaron acabar con él. A veces, nosotros vemos que flaquea nuestra fe, que nuestras familias se descristianizan, que los jóvenes se alejan del evangelio, etc. Y esto nos escandaliza. Pero nosotros, los cristianos, ¿no tenemos nada que ver en ello? A veces pienso, Señor, si no será que nos estás arrebatando la viña de la fe que nos encomendaste cuidar, porque no hemos respondido como esperabas. Señor, que hoy nos sintamos interpelados por tu amor. Que nos sintamos animados a trabajar más generosamente para dar los frutos que esperas de nosotros, de nuestras familias, de nuestra comunidad, de esta sociedad, etc. Ayúdanos, Señor.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.