Domingo 7º del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.» (Mateo (5,38-48) 1. La pagina del Evangelio que hemos leido es una de las más exigentes y a la vez de las más sublimes. En ella aparecen dos actitudes ante el prójimo, cada una con sus reglas y sus resultados muy distintos. La 1ª sale espontáneamente de nuestro corazón egoísta: Me la has hecho, me la pagas; me das, te doy; hasta aquí has llegado tú, pues hasta aquí llego. Es la ley de la reciprocidad, la ley del talión que recuerda Jesús cuando dice: "Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente... Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo..." Es un modo de pensar y de obrar que desgraciadamente todavía está demasiado vigente en nuestra sociedad. En ella amar y hacer el bien a los amigos, a los familiares, a los cercanos se ve como algo natural. Pero amar al enemigo, al que nos hace mal, perdonarlo y hacerle el bien son comportamientos muy extraños en esta sociedad nuestra; tanto que, cuando se dan, causan sorpresa y admiración. Y a veces ni se comprenden. 2. La 2ª actitud es la que brota del Espíritu que ha sido derramado en nuestros corazones, la que brota del corazón de los que se han dejado trasformar por el Espíritu y son las criaturas nuevas que han escuchado las bienaventuranzas y siguen a Jesús. Es la ley de la gratuidad: te doy, aunque tú no me des; te amo, aunque tú me odies o te muestres indiferente conmigo; busco tu bien, aunque tú me hagas o me hayas hecho el mal. Es la nueva ley formulada por Jesús, el Nuevo Moisés, cuando dice: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen”. Cuando se miran las cosas de tejas abajo, ésta es una forma de pensar y de actuar poco razonable porque parece contradecir toda prudencia humana y todo sentido común humano. ¡Pero es que los que han nacido del Espíritu no son de este mundo, y no se guían, por tanto, por esa prudencia y ese sentido común! 3. La razón por la que debemos obrar de esta manera la da Jesús: poque así obra Dios, nuestro padre. ¿A quién ama Dios? ¿A quién hace el bien? ¿Sólo a los buenos, a los que le aman y tienen una hoja de sevicios impoluta? Dios ama a todos, sean buenos o malos, jutos o injustos. Y si nosotros hemos nacido de Dios y somos sus hijos, tenemos que obrar como él obra: "Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿no hacen lo mismo también los publicamos? Y si saludáis a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿no hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto." A esto se nos llama a los que creemos en Jesús. Ante un mundo de divisiones, de rencores, odios, egoísmos y venganzas..., el discípulo debe amar y hacer el bien a todos, sin distinción. ¡Cómo cambiaría nuestro mundo, si pusiéramos en práctica lo que nos dice Jesús! Y para obrar así no contamos solo con nuestras déibiles fuerzas, se nos ha dado el Espíritu que nos capacita para cumplir esta misión. ¿Qué ocurre? Que no lo escuchamos, que no nos dejamos guiar por la fuerza del Espíritu que dentro de nosotros empuja y empuja para que caminemos en la dirección del amor incondicional... Señor, cambia nuestros corazones. Capacítanos para escuchar al Espíritu que nos habita. Que, ante las ofensas y la ingratidud de los demás, de nuestro corazón brote la bendición y la acción de gracias y el perdón, no la ira ni el rencor ni el deseo de venganza. Entonces seremos hijos de Dios, según dices tú, Señor: "Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
20/02/2011
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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