Domingo 6º del Tiempo Ordinario (A)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 6º del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os lo aseguro, si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado.. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio." Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior..» (Mateo (5,17-37)

1.           El evangelio de hoy es continuación de los que hemos venido meditando los    últimos domingos, y corresponde a lo que se conoce como el Sermón de la Montaña. Comienza este sermón con la proclamación de las Bienaventuranzas. La comunidad de Jesús la forman los que han creído en él, los que se han abierto al Reino y no  ponen en el centro de su vida la riqueza ni otros valores, sino que el centro es el Reino. Y de éstos dice Jesús que son dichosos... Hoy la Liturgia continúa presentándonos este sermón-programa. Mateo recoge una serie de sentencias de Jesús, que vienen a concretar, en unos ejemplos, la moral de la nueva comunidad de Jesús.  Una moral que no se queda en la corteza, en la exterioridad, en el cumplimiento de unas normas, como hacían fariseos y escribas, sino que nace de lo profundo del corazón. Advierte Jesús: "Si no sois mejores que los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos". O sea, por más que lo digáis, no seréis de los que han aceptado de verdad el señorío de Dios sobre vuestras vidas.

2.           A continuación Jesús pone unos casos concretos en los que debe el cristiano ser mejor que los fariseos y escribas: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.” Esto es lo nuevo de  la nueva ley de su comunidad. El quinto mandamiento no se cumple con sólo no matar físicamente. Al hermano no se le puede destruir de ninguna manera.  Y el que injuria, insulta, odia, guarda rencor, etc. a su hermano, ya lo está matando en su corazón, lo está arrojando fuera de su vida. Porque no lo está amando, y lo de la comunidad de Jesús es amar, hacer el bien de todas las maneras, ser sal y luz  por las buenas obras que hace. No basta, pues, no odiar o no hacer daño. Hoy preguntémonos si hacemos todo lo que podemos para eliminar la injusticia, la desigualdad y la marginación de tantos hambrientos y excluidos, o nos contentamos con lo mínimo. Señor, que no nos engañemos y nos contentemos con no hacer daño, sin preguntarnos si amamos y hacemos todo el bien que podemos a los demás.  

3.           Hasta tal punto el  amor es importante para Jesús, que coloca la comunión con el hermano por encima del culto a Dios: "si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda".  El discípulo de Jesús que va a presentar su ofrenda, si advierte que está rota su comunión con el hermano, debe reconciliarse antes con él, si quiere que su ofrenda sea aceptada por Dios. El que no vive el amor no es apto para servir dignamente a Dios. Si no hay amor de nada sirve el rito y cumplir la ley. Y lo mismo dice Jesús de otras normas que nos da, como la fidelidad de los esposos. No basta que no se consume el adulterio. Eso es cumplir la “letra” del mandamiento. La fidelidad mutua entre esposo y esposa anida en el corazón, por eso ha de llegar hasta los pensamientos y deseos. De modo que quien mira al cónyuge de otro deseándolo en su corazón, ya ha cometido adulterio... Señor, que comprendamos que a los tuyos no nos basta cumplir la letra de la ley, sino que hemos de cumplirla en el corazón, que hemos de amar y hacer el bien a los que nos rodean.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

13/02/2011


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