Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Nuevo enfrentamiento de los fariseos con Jesús. Ahora por cuestión del ayuno, que ellos hacían y los discípulos, no. Preguntan a Jesús: "Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?” El ayuno era práctica penitencial frecuente en la religiosidad judía del Antiguo Testamento, del tiempo de la espera del Mesías. En los tiempos de Jesús, los judíos piadosos y los fariseos, además del ayuno mandado del Día de la Expiación, ayunaban dos veces por semana para expiar los pecados y acelerar la venida del Mesías. Pero ahora, el Mesías ya está en medio de ellos. Cristo es el novio, el esposo esperado. De ahí la respuesta que les da Jesús: "¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras está con ellos? Es decir, ¿cómo van a estar tristes y en ayunos continuos, si con él ha entrado la salvación en el mundo, si ha comenzado el banquete de bodas del Reino de Dios? Ésta no es la hora del llanto, del lamento y la penitencia - viene a decirles Jesús, defendiendo a sus discípulos-, sino de la fiesta, de la alegría y del júbilo.
2. Era la diferencia que notaba la gente entre la religiosidad de los fariseos y la de Jesús y los suyos: aquéllos, rígidos, obsesionados por las leyes y los ayunos; Jesús y los suyos no tienen inconveniente en participar en fiestas y celebraciones. A veces los cristianos ¿no parece que sigamos en el Antiguo Testamento? No reflejamos ni mucho menos la alegría de la fiesta que vivimos en y con Cristo. ¡Como si ser cristiano supusiera una pesada carga que nos ahoga la alegría! ¡Como si a Dios sólo le agradara lo que nos hace sufrir!... Haznos, Señor, experimentar el júbilo de la salvación, la alegría de de vivir contigo. Y que seamos testigos alegres de tu Reino. A veces se ha acusado al cristianismo –y no sin motivo- de religión triste y de los tristes. Cuando nadie tiene más motivos para la alegría que nosotros. De hecho, los mártires iban al martirio cantando; y los santos, aun en la enfermad, la calumnia o los contratiempos, conservaban la paz y la alegría. Señor, si estamos contentos de ser de los tuyos y de estar contigo, ¡que lo mostremos!
3. “Nadie echa vino nuevo en odres viejos...., a vino nuevo, odres nuevos.” Cristo no ha venido a poner un remiendo a la religión antigua, estableciendo unos ritos o prácticas más o menos renovadas. En Cristo comienza algo nuevo, una nueva era, el reino de Dios, la nueva alianza, cuya ley es el amor. Para Cristo la religión no puede reducirse a las meras prácticas externas y a ritos. De nada sirven éstos si no están cargadas de amor. ¿Nuestras prácticas religiosas están impregnadas del nuevo espíritu del amor, o nos limitamos a cumplir, a hacer simplemente lo mandado? Por ejemplo, celebro la eucaristía, rezo el rosario, y a lo mejor, Laudes y Vísperas y otras devociones, etc.; pero ¿con qué espíritu lo hago? ¿Hay amor, o mera rutina, o hasta orgullo y ostentación de lo bueno que soy? Señor, dame tu Espíritu, para que todo lo realice con amor y por amor.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.