Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Continúa San Juan hablándonos de cómo vivir como hijos de Dios: “Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios.... porque Dios es amor.” Así de claro. Los que hemos nacido de Dios tenemos que amarnos, porque Dios es amor. Dios consiste en amar. Dios sólo sabe y puede amar. Y sólo si amamos estamos en consonancia con lo que somos: hijos de Dios. Cristiano es el que cree en el Amor y se sabe amado por Dios y ama. Nosotros ¿somos en verdad cristianos?; ¿nos sabemos y sentimos amados por Dios?; ¿amamos? Desgraciadamente, Señor, hay cristianos que te tienen más como “el Dios que nos manda” que como “el Dios que nos ama”. Por eso, para muchos, tu evangelio sea carga y no, liberación, yugo y no, Buena Noticia. ¡Qué distinto, es todo, Señor, cuando uno llega a “gustar” tu amor; cuando te descubre como el Dios Padre-Madre que es Amor y nos ama! Haznos gustar ese amor, Señor, que entonces nuestras vidas de cristianos se llenarán de la alegría y el gozo del amor.
2. En el evangelio se nos presenta a Jesús amando y entregándose. Jesús es el regalo que nos ha hecho el Dios-Amor. Toda su vida fue amar. Hoy vemos que ha planeado retirarse a descansar con los suyos, porque “eran tantos los que iban y venían que ni para comer les dejaban tiempo.” Se embarca para ir a un lugar tranquilo. Pero, cuando llegan, se encuentra con que le espera una gran multitud. Y su corazón se enternece: “Le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor“. Y renuncia al descanso necesitado y planeado, y comienza a enseñarles, a darles el Pan de su Palabra. Eso es amar: no pensar en lo mío, en mis planes, en mi cansancio. Ante la necesidad y el sufrimiento de la gente, Jesús siempre responderá así. ¡Qué diferente es mi actitud, Señor! Me piden ayuda, veo el sufrimiento, la soledad, la necesidad del hermano, y cuántas veces en mí puede más la comodidad, el cansancio, mis planes... que le necesidad del otro. Y no respondo a las demandas de los hermanos necesitados... ¡De qué manera tan diferente obrabas tú, Señor! Cambia este corazón egoísta y hazlo, al menos, algo más semejante al tuyo.
3. Finalmente, en el evangelio de hoy, vemos otra actitud de amor en Jesús. La gente le ha seguido y, embebida en su Palabra, ni se han percatado de que es tarde y no tienen qué comer. Los discípulos pretenden que los despida para que busquen qué comer. Jesús les sugiere que les den de comer ellos, pero le dicen que es difícil conseguir pan para tantos. Jesús pregunta: - «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Responden: «Cinco, y dos peces.» Y esos pocos panes y pececillos, entregados por los discípulos y bendecidos por Jesús, bastaron para que se saciaran todos y sobrara. ¡Qué maravilloso banquete aquél! Pero, Señor, aquél no era más que anticipo de un banquete mejor, el que preparas para nosotros en la Eucaristía, donde te nos das tú mismo como Palabra y Pan de Vida. Señor, que en cada eucaristía, aprendamos a partirnos y entregarnos a los hermanos, y a partir y compartir nuestro pan material con los hambrientos de hoy.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.