Sagrada Familia, Jesús, Maria y José -A

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sagrada Familia, Jesús, Maria y José -A
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. (Colosenses 3, 12-13).

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: -«Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: -«Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.» Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno. (Mateo 2, 13-15. 19-23)

1.      Dentro del marco de la Navidad, hoy contemplamos a la Sagrada Familia. Con esta fiesta, celebramos que el Hijo de Dios quiso vivir su existencia humana en el seno de una familia, que -como cualquier otra familia- tuvo problemas y contrariedades. Pero en la que la vida estuvo siempre presidida por el proyecto que Dios tenía sobre cada uno de sus miembros. Ahí está María, la que dijo sí a Dios siempre y en todo. Y está José, el que hizo siempre lo que Dios le pidió: “José hizo lo que el ángel le había dicho,” afirma el evangelio varias veces. Y está Jesús, aprendiendo de ellos a decir sí a la voluntad del Padre, que es lo que hará toda su vida. ¡Buena lección para cada uno de nosotros y para nuestras familias! Escuchar a Dios, decir sí a Dios, serle fiel… ¿Qué mejor camino para la paz y la felicidad de la familia? Roguemos hoy para que nuestras familias y todas las familias imiten a la familia de Nazaret.

2.      Sagrada familia llamamos a la de Nazaret. En ella todos los  acontecimientos   se vi- vían desde la fe y la confianza en Dios. El amor a Dios y al otro lo presidía todo. Cuando los esposos se aman, se comprenden, se respetan y saben perdonarse, ¡qué felicidad y paz se respira en la familia hasta en las dificultades y diferencias,  y cómo los hijos aprenden a amar y respetar! Y cuando los hijos ven a los padres rezar, amar a Dios y confiar en su amor, ¡cómo se les mete en su corazón ese amor a Dios y esa confianza en él! Señor, haz que nuestras familias sean trasunto de tu familia, que el amor lo presida todo, que cada día sean más humanas, más entrañables, más acogedoras, y sus miembros sean cada día más cariñosos y comprensivos unos con otros; que, en definitiva, Señor, en ellas  se vivan cada vez más intensamente los valores del evangelio.

3.      San Pablo nos propone un buen programa: “vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo...” ¡Qué diferentes serían nuestras relaciones familiares y sociales si nos vistiéramos todos de esos sentimientos! Somos distintos, aceptémonos como distintos; somos limitados, débiles, aceptémonos como tales y sepamos perdonarnos mutuamente. Como Dios nos acepta, a pesar de nuestras deficiencias y pecados, y nos perdona una y otra vez. Dios es Amor. Dejémonos habitar por ese Dios-Amor.  Entonces el amor estará en nosotros y en nuestras familias. Jesús, María  y José, proteged a nuestras familias. Sobre todo, a las que tienen más problemas.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

26/12/2010


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