Domingo 33º del Tiempo Ordinario –C-

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 33º del Tiempo Ordinario –C-
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo. - «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.» Ellos le preguntaron: - «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» Él contestó: - «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.» Luego les dijo: - «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.» (Lucas 21. 5-19)

1. Estos últimos domingos del año litúrgico, la iglesia nos invita a mirar al futuro. Nos recuerda que esta vida y este mundo acabarán. Hoy vemos a Jesús en Jerusalén, la meta final de su largo viaje desde Galilea. Los discípulos admiran la hermosura del templo, pero también están empezando a ponerse nerviosos, porque Jesús les ha anunciado –por el camino- que va a ser entregado a sus enemigos, y ellos mismos están experimentando cómo se va enrareciendo el ambiente, y las cosas se van complicando. Empiezan a ver claro que aquello va a terminar mal. Jesús quiere fortalecer a los suyos, animarles, diciéndoles que por muchas catástrofes que haya, ellos deben continuar confiando y seguir adelante, porque Dios nunca abandona a los suyos, y la Buena Nueva del Evangelio, que les ha anunciado, no terminará en fracaso, sino que la victoria final será de Dios y de su amor.

2. Los discípulos admiran la belleza del tempo, y Jesús les dice: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»  Este anuncio produjo inquietud en los discípulos, que preguntan: “¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”  No es lo importantes saber el cuándo y el cómo. Lo importante es que sigamos el camino que nos lleva a la felicidad, luchando para transformar este mundo, para que avance el Reino de amor y justicia inaugurado por Jesús. También a nosotros nos anima el Señor hoy. Estos textos que anuncian catástrofes y calamidades parece que pretendan meternos miedo en el corazón; pero no: pretenden animarnos a vivir y trabajar y esperar el futuro de plenitud y felicidad que viene, siendo fieles al Señor.  Por  eso, nos advierte: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy...” Atentos, pues. Que nadie nos aparte del camino, diciéndoos: “Yo soy, la felicidad está en esto o en aquello”... Recordemos: todo es pasajero y está llamado a terminar. No sabemos cuándo. Por eso debemos estar vigilantes, esperando el final, trabajando por el Reino de Dios.

3. “Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.” Cuando Lucas escribe esto la comunidad cristiana ya tenía experiencia de persecuciones, cárceles, odios y muertes. Lucas les anima a perseverar, recordando la palabra de Jesús: “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras alma”. Tampoco hoy ser cristiano es cosa fácil. Quien se declara de Cristo y vive su mensaje pronto experimenta la oposición, el desprecio, el rechazo y hasta la persecución. En algunos lugares hay quienes son encarcelados y hasta asesinados por vivir y defender lo que Jesús enseñó: el amor de Dios, la justicia y la libertad para los pobres y para todo el mundo. A nosotros no llegan a tanto, pero sí experimentamos el acoso y la incomprensión. Por eso, el Señor hoy nos amina: tendremos que pasar por dificultades, pero todo acabará con la intervención salvadora de Dios. Lo que importa es perseverar. Nuestro destino y el de la humanidad está en las manos del Padre. Señor, mantennos firmes. Que ninguna dificultad pueda con nuestra fe. Sabemos que, al final, tú vendrás y tu Reino de amor triunfará.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

14/11/2010


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