Domingo 27º del Tiempo Ordinario (C)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 27º del Tiempo Ordinario (C)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: - «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: - «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecerla. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. " » (Lucas 17, 5-10)

1.      Los últimos domingos hemos escuchado las exigencias que Jesús propone para ser discípulo suyo: hay que entrar por la puerta estrecha, estar dispuestos a dejar hasta  la familia, no dejarse atrapar por la riqueza, renunciar a la vida muelle y egoísta, y, sobre todo, compartir los bienes con los demás... Los discípulos piensan que no van a ser capaces de cargar con esas exigencias tan radicales... ¿No pensamos lo mismo nosotros cuando nos enfrentamos a las exigencias del evangelio?: ¿vivir el desprendimiento y desapego de la riqueza en un mundo materialista en el que todo nos invita a tener  más y más y en el que el dinero parece que es el valor supremo?, ¿compartir lo poco o lo mucho que tengamos, cuando nuestro egoísmo nos dice: total, con lo que yo pueda compartir no voy a solucionar nada...?,  ¿ser solidarios en este mundo tan insolidario y egoísta, en el que cada uno va lo suyo y si te descuidas te destruyen?, ¿ser cristiano comprometido cuando ya no se lleva ser  creyente?...  ¿No nos hacemos esas preguntas a veces? Y la tentación para muchos es concluir que “eso no es para mí”,  yo lo más que puedo hacer es ir tirando... y mantenerme en el montón.

2.      Los discípulos creen en Jesús; pero comprenden que han de añadir fe a su fe. Por eso, gritan al Señor:”auméntanos la fe.” Es decir, concédenos la gracia de fiarnos más de ti, de tu Palabra. Que nuestra adhesión y nuestra entrega a ti y a tu mensaje sean tan totales que nos hagan capaces de asumir esas exigencias.  Ante esta súplica, Jesús les dice: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: arráncate de raíz y plántate en el mar, y os obedecería.” Con esta respuesta exagerada viene a decirles: si confiarais de verdad en Dios, nada os parecería imposible. Al que cree de verdad y se deja en las manos de Dios hasta algo sobrehumano, como es vivir la vida nueva que os he propuesto, se hace posible... Nosotros, cuando llegue la duda y el miedo, gritemos al Señor lo de los Apóstoles:”auméntanos la fe.” Que crea, Señor, con más convicción, que me fíe de ti de verdad. Reconozco, Señor, mi impotencia para vivir las exigencias de tu evangelio, pero sé, Señor, que apoyado en ti, podré vivir lo que tú viviste y como tú lo viviste. Y en mi vida tú te mostrarás y obrarás cada vez más.

3.      Y después, ser humildes. La parábola que pone Jesús, habla de la actitud que el hombre ha de tener ante Dios. Los fariseos vivían una religiosidad mercantilista. Ellos se creían con derechos ante Dios. “¿Cumplimos la ley? Pues tenemos derecho al premio, Dios está obligado a premiarnos”. Con esta parábola el Señor nos dice a los suyos que no caminemos por ese camino de la religiosidad orgullosa e interesada de los fariseos. Ante Dios no cabe más que la humildad agradecida. Dios no nos debe nada; somos nosotros los que lo debemos todo a Dios. ¿Es que tenemos algo que no sea don gratuito de Dios? Entonces, Señor, ¿cómo no hacer gozosamente lo que me pides, sin exigir paga alguna? Y cuando lo haya hecho, ¿cómo no confesar con alegría,  que “soy un pobre siervo, que sólo he hecho lo que tenía que hacer”? Señor, la mejor paga, la que me satisface y llena de gozo y paz mi corazón,  es sentirme amado y elegido por ti para trabajar por tu Reino. Esa es la que espero.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

03/10/2010


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •