Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. En el Evangelio se habla de un administrador que, al enterarse que va a ser despedido, reacciona inmediatamente y llama a los deudores de aquél y les pide que rehagan sus recibos: al que tenía un recibo de cien barriles de aceite, le pide que haga uno de cincuenta; al que tiene uno de cien fanegas de harina, le dice que haga uno de ochenta, etc. En realidad lo que hace es descontar en cada recibo lo que le correspondía ganar a él, puesto que en los pueblos orientales el administrador no tenía un sueldo fijo que pagaba el amo, sino que cobraban una comisión al comprador. Y, no por altruismo, sino para ganarse la amistad de los deudores para cuando se quede sin trabajo. Y Jesús alaba precisamente la diligencia y la astucia con que actúa el administrador, al renunciar a sus ganancias de hoy para asegurarse el mañana, el futuro. Con esta parábola exhortaba a los que le escuchaban y le seguían a ser prontos en aceptar las exigencias del Reino de Dios, sin dar largas, a aprovechar el hoy, para asegurarse el mañana, el futuro, aunque haya que renunciar a ciertas cosas, como astutamente hizo el administrador infiel.
2. Jesús concluye: “Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz...” ¿Tenemos nosotros la sagacidad y diligencia que el de la parábola para "los asuntos del reino de Dios”, para las cosas del espíritu? Nosotros decimos que creemos en un Dios Padre de todos, en un mundo futuro, en el que sólo contará lo que hayamos hecho por amor a Dios y por amor a los demás. Pero después vivimos como si sólo nos interesaran las cosas materiales, sin arriesgarnos a compartir y ser solidarios... Hoy el evangelio nos llama a aprovechar el “hoy”, el momento presente, para preparar el “futuro;” a cambiar, a convertirnos. Y no dejarlo para mañana. Nuestro mañana, nuestro final, nos lo jugamos en el aquí y ahora. Que hoy, Señor, te responda; que aproveche, para preparar el futuro, el tiempo que me queda, que no sé cuánto será.
3. "Hijos de la luz." Así nos quiere el Señor. Personas “iluminadas”. Hijos de Dios-Luz, de Dios-Amor. Hijos de Dios-Padre nuestro. ¿Actuamos para ser así con la decisión y prontitud con que actuó aquel administrador de la parábola en sus asuntos? Él no lo dejó para “mañana”, actuó enseguida. Y no dudó en renunciar hasta a sus ganancias. Y nosotros ¡qué de largas hemos dado y damos al Señor! Señor, despiértanos del sueño y modorra de nuestra vida espiritual. Que nos espabilemos. Hoy nos animas: “Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.” Que, como el administrador de la parábola, con los bienes y dones que nos has dado, procuremos, Señor, ganarnos amigos para el futuro, para cuando nos llames a cuentas. ¿Y qué amigos más poderosos para ese momento que los pobres, pues lo que a ellos hacemos tú, Señor, lo consideras hecho a ti? San Agustín decía que los pobres son, si lo deseamos, nuestros correos y porteadores y nos permiten transferir, desde ahora, nuestros bienes en la morada que se está construyendo para nosotros en el más allá. Que hoy escuchemos tu llamada, Señor.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.